Habla el adiestrador oficial de perros: «Yo no traté a Dylan, iba a Olivos por Prócer»

Ariel Zapata asumió su flamante cargo en el Ministerio de Seguridad y cree que lo atacan porque es “un flanco fácil”. Recuerda sus antecedentes con los perros de Néstor y Cristina.

«Es la que me toca, qué voy a hacer. Yo estoy tranquilo, protegido por mi honestidad«. Ariel Zapata tiene 59 años y es el flamante director de Planificación Operativa y Centro de Monitoreo de la Subsecretaría de Intervención Federal de la Secretaría de Seguridad y Política Criminal del Ministerio de Seguridad de la Nación. Mediáticamente se hizo famoso como «el adiestrador de Dylan», el perro del presidente Alberto Fernández.

«Yo no empecé con esto el año pasado, ni hace tres, ni cinco años. Yo llegué a la función pública en 2005, cuando León Arslanian me llevó a su Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires para entrenar perros en operativos de rescate y otras tareas de seguridad. Ese fue el puntapié inicial de mi trabajo en el Estado», le cuenta a Clarín Ariel Zapata, que es la primera vez que habla como funcionario nacional, tras la polémica suscitada por su nombramiento.

Zapata empezó a estar bajo la lupa cuando su nombre quedó en los registros de visitas a la Quinta de Olivos, en 2020, en pleno Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO). «Se habla de que fueron unas treinta las veces que fui, pero no creo que sean tantas. Sí fui las veces que fueron necesarias primero porque me convocaban, segundo porque tenía permiso para moverme por ser funcionario de la provincia de Buenos Aires y finalmente porque era un tema complejo las peleas entre Dylan y su hijo Prócer, que con diez meses tenía un comportamiento rebelde, propio del cachorro que se convierte en adolescente».

Por entonces funcionario del Ministerio de Seguridad de Sergio Berni, Zapata, adiestrador canino y especialista en Cinotecnia (ciencia que estudia el comportamiento, la fisiología y la psicología de los perros), acudió siempre a Olivos por pedido del veterinario oficial de Dylan, Juan Enrique Romero. «Lo que ocurría es que los perros no se acostumbraron rápido al cambio de vida, de pasar de un departamento con poco movimiento a una quinta por donde camina mucha gente, entonces empezaron los problemas».

-¿Qué tipo de problemas, Zapata?

-La mudanza incidió en el comportamiento de Prócer, a quien yo atendía… No a Dylan, él no tenía inconveniente. El tema era el cachorro de unos diez meses que se estaba rebelando, entrando a la vida juvenil y atribuyéndose más derechos de los que le correspondían. Y eso a Dylan lo enojaba, lo ponía agresivo y mordía a Prócer y gruñía a la gente. Pero de a poco esas peleas fueron desapareciendo y volvió todo a la normalidad. Pero aclaro que yo no traté a Dylan, iba a Olivos por Prócer.

-Su nombre quedó involucrado en la polémica de las visitas de Olivos.

-Hubo una intencionalidad política, no queda duda y lo tengo claro porque sé dónde estoy parado, apoyo al kirchnerismo, defiendo el proyecto y soy un flanco sencillo. Me cuestionan mi trayectoria minimizándome a un mero adiestrador, pero yo tengo un largo recorrido que empezó a mediados de los ochenta, cuando arranqué con el entrenamiento de perros. Después fundé mi propia empresa y comencé a proveer perros por temas de seguridad a empresas, eventos y visitas de Estado. Imaginate que brindé mis servicios cuando vino Gorbachov a la Argentina a principios de los noventa.

-Diego Santilli tuiteó con ironía su nombramiento como una medida de seguridad del Gobierno nacional ante la ola de inseguridad…

-Me parece que no era necesario. Santilli es un peso pesado y de alguna manera salió a ningunearme con lo de «cómo un adiestrador de perros va a ocupar ese cargo». Pero yo no me voy a ofender porque me llamen así, para mí es un orgullo, insisto.

-¿Hace alguna autocrítica?

-Tengo la tranquilidad de hacer mi trabajo y me enorgullezco de lo que que hago, nada de qué arrepentirme… Además, para que se sepa, yo fui el creador de la carrera de adiestrador en la UBA que ya lleva 19 años y fue la primera en el mundo. ¿Eso no alcanza? En 2005 creé la primera unidad canina certificada ISO 9000 en el mundo. ¿No es trayectoria todo esto? Alberto Fernández es el tercer presidente con el que trabajo.

-¿Con los perros de qué presidentes ya había trabajado?

-Con Alex, el boxer de Néstor Kirchner, y con Catalina, la boxer de Cristina Fernández allá por 2005. Insisto, no me veo afectado por ver mi nombre en los medios, a mí ya me han puesto de héroe y luego de villano

-¿Por qué «héroe»?

-En 2020 me elogiaban en un montón de notas destacando mi trabajo como adiestrador de perros para detectar pacientes con Covid, una iniciativa entre una Escuela de Medicina Veterinaria de Alfort (París) y la Universidad de Buenos Aires, que se había plegado a ese proyecto. Y varios años atrás, allá por 2013, cuando explotó un edificio en Rosario por una fuga de gas, también era el héroe porque mis perros habían detectado 19 cuerpos. Y fui reconocido públicamente…

-¿Siente que fue premiado con el cargo actual, que tiene un sueldo de alrededor de 270 mil pesos?

-No, para nada. Yo vengo de ser director nacional de Cinotecnia en el ministerio de Sergio Berni, un cargo más alto que el actual. Creo que el puesto me lo dieron por mi experiencia y porque soy el que tiene más recorrido dentro de la gestión de producción de perros para el área de seguridad. ¿Qué significa esto? Que comprende la protección física, la búsqueda de sustancias y rastreo de personas. En cuanto al sueldo, francamente no lo sé, todavía no cobré.

-Su nuevo, jefe Aníbal Fernández, dijo: «Me importa un culo que haya sido el adiestrador del perro del Presidente». ¿Cómo lo tomó?

-Me llenó de orgullo la bancada, imaginate, nunca pensé que me iba a defender de esa manera… En un momento, con todo el revuelo que se armó, pensé que me iban a echar, que no querían comprarse otro lío, pero por suerte mi currículum tuvo más peso.

-¿Aníbal le propuso el cargo directamente?

-Sí. Cuando me lo estaba preguntando, le dije que «claro» antes de que terminara… No lo dudé. Y lo primero que hice fue agradecerle a (Sergio) Berni, quien me brindó toda su confianza.

-¿Aníbal Fernández no sabía que usted era el adiestrador de los perros del Presidente?

-Sabés que no sé, no creo, me parece que no sabía que yo había estado con los perros de Néstor y de Cristina, y creo que tampoco sabía que estaba con los perros de Alberto. Nunca lo hablamos.

-Raro. Sus visitas a Olivos trascendieron a la esfera pública…

-Pero Aníbal no estaba en el Gobierno, no sé, no sabría decirte.

-¿Qué le pareció el posteo en la cuenta de Instagram de Dylan?

-Por un lado me pareció bien, simpático, pero después pensé: «Uy, justo cuando empezaba a calmarse el tema y bajaba la espuma, estos lo volvieron a remontar y bueh…». Pero bueno, ahí lo que queda claro es que yo no fui por Dylan, sino por Prócer, que era el que tenía el problema. 

Zapata vive en su casa de Villa Soldati, por la que según cuenta paga un crédito hipotecario, y mantiene su Toyota 2010. Dice que su vida no cambió en absoluto y que la relación con sus vecinos es normal. «Mi entorno me apoya y en este tiempo recibí cerca de doscientos llamados y mensajes de gente que no es amiga, pero que me conoce por mi trabajo, y creo que es el mejor regalo. Camino por la calle tranquilo».

-¿Cuál es su objetivo en su flamante cargo?

-Incrementar la producción de perros para las distintas áreas de seguridad. En relación a otros países de la región, la Argentina tiene muy poca producción, casi la mitad, y si nos comparamos con Colombia, que supera las 4.500 unidades, contamos con menos de la cuarta parte. Justo en estos días estamos haciendo un relevamiento a nivel nacional, pero estimo que no llegamos a mil.

Fuente: Javier Firpo para Clarín


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