Sergio Massa, en jaque

El Gobierno acorralado por la falta de dólares; los chacareros liquidarán la mitad de lo que espera Economía; ¿el Fondo pedirá devaluación?; en la desesperación aparecen las bajezas

Todo el mundo mira el dólar blue. Ayer llegó a $462 y eso que Antonio Aracre se fue el martes de la semana pasada. O sea: no era por Aracre. Casi 5% de suba respecto del viernes. El contado con liquidación llegó a $456. Todo esto es lo que está observando el que mira la evolución del dólar en los portales. Pero hay un dato muy significativo para entender el problema que rodea a la cotización del dólar, que no es la cotización misma en términos absolutos, sino la brecha que existe entre el dólar oficial y el dólar blue o el contado con liquidación.

Esta brecha es importante porque es la que incentiva determinadas conductas, sobre todo en quienes atesoran granos en el sector agropecuario. Ya sabemos que la Argentina, y específicamente el Gobierno, está en un drama porque a los desaguisados económicos anteriores se le sumó la sequía, y con la sequía un torniquete sobre el ingreso de dólares que determina 20.000 millones de dólares menos para la economía. Y, por lo tanto, se agudiza algo que era anterior al problema de la sequía, no hay que olvidarlo, que es una crisis de reservas en el Banco Central.

Esto se combina con otro fenómeno. No hay sólo sequía, sino que hay precios peores en el mercado de granos. Porque Brasil, con una economía mucho más ordenada, con una política oficial respecto del sector agropecuario mucho más alentadora y con muchas lluvias, tuvo una cosecha espectacular que hizo que los precios cayeran. Entonces, hay menos cantidad de producto y además menos precios. Se trata de una doble Nelson de las dos variables negativas para el Gobierno.

Esto significa que hoy el gobierno de Alberto Fernández depende de dos actores a los que no maneja, con los que puede negociar, pero que no le obedecen. Uno son los chacareros y el otro es el FMI. Esas son las dos fuentes de dólares que puede tener en la emergencia Sergio Massa, que después de la renuncia de Alberto Fernández a la candidatura presidencial, que fue como una renuncia subliminal desde el punto de vista emocional a la presidencia, quedó como un presidente simbólico, más expuesto políticamente a la crisis. Los chacareros, con una brecha superior al 100% entre el dólar real y el dólar oficial, piensan: “Espero la devaluación, retengo granos, no vendo”. Esto produce un cuadro muy desalentador, inquietante, para Massa porque él esperaba que con el dólar soja, que abre una ventana de interés para el que tiene granos, en el mes de abril se liquidaran 2.500 millones de dólares. En lo que va de abril se liquidaron 1.400 millones de dólares. Massa pensaba también que durante todo el período del dólar soja, que termina a fin de mayo, el Banco Central, iba a recibir 5.000 millones de dólares, 2.500 y 2.500 por mes. Los expertos del sector agropecuario calculan que en todo el ciclo, en vez de 5.000, van a entrar 2.500, la mitad de lo que esperaba Massa.

Por supuesto, hay mucha presión sobre el sector agropecuario, que está además complicado por una cosecha que viene demorada. En este contexto, la Mesa de Enlace le hizo saber al ministro que espera una devaluación más acentuada de la moneda, es decir, un dólar de $350, cosa que Massa no está dispuesto a conceder, muy probablemente presionado o vetado por Cristina Kirchner. Hay que recordar siempre la frase de Máximo Kirchner, ya con Massa como ministro durante el primer dólar soja, que fue “nos han puesto de rodillas frente al campo”. Entonces, por el lado de este sector, que es un proveedor de dólares, las noticias para Massa son malas.

¿Qué va a pasar con el Fondo? El Gobierno y Massa esperan que haya un adelanto de los fondos que tiene que desembolsar el FMI de acá a fin de año se adelanten ahora. Pero es muy difícil que el FMI pueda hacer aquellos adelantos sin algunas condicionalidades adicionales. Sobre todo una, que es devaluar. ¿Qué es lo normal que sucede cuando hay un shock externo? En una economía sana, normal, lo que sucede cuando aparece una desgracia, una sequía por ejemplo, es que el tipo de cambio ajusta el problema de la caída de oferta de divisas modificando la cotización del dólar por una regla de mercado. Esto es lo que no sucede en la Argentina por los desequilibrios macroeconómicos que obligan a tener un cepo. Esta fue una de las propuestas de Aracre. Sólo una de las alternativas que le planteó al Presidente.

Es interesante todo este anecdotario alrededor de Aracre porque podemos sacar algunos detalles significativos para lo que viene. Aracre le presenta un programa de medidas al Presidente. El Presidente lo manda a hablar con Massa, y Massa tiene este programa desde hace cuatro semanas, Es decir, sabía de qué estaban hablando. Tanto que lo mandó a Aracre a hablar con dos subordinados de él, Leonardo Madcur y Lisandro Cleri. ¿Qué proponía Aracre? O una devaluación del 30% de la moneda, o todo un plan de medidas que tenían que ver, sobre todo, con controles de precios. Una especie de pacto económico y social, muy firme desde el punto de vista político, muy intervencionista sobre los mercados, que hubiera requerido de un Fernández mucho más sólido, más convencido de una política de este tipo. En alguna medida hay un parecido entre las propuestas de Aracre con las ideas de Cristina y Máximo Kirchner. Sus sugerencias suponían mejorar los salarios, mejorar las jubilaciones, adelantar una mejora en los ingresos, y después congelar para tomar otras medidas de tipo fiscal, monetarias y cambiarias.

Alberto Fernández le dijo que vaya a hablar con Matías Kulfas, que no se habla con Fernández. Pero Fernández entiende que es el mejor experto en regulaciones de mercados y en la aplicación de la Ley de Abastecimiento. Y también lo mandó a hablar con Marco Lavagna. Esto nos da una idea, sobre todo en el caso de Marco Lavagna, de con quién se está hablando Alberto Fernández cuando mira la política económica que lleva adelante Massa.

Todo esto tiene un límite que es Cristina Kirchner, que se niega a la devaluación. Si uno hablara con la vicepresidenta, con su entorno, ellos dirían “se niega no por razones dogmáticas”. En febrero del 2014 el gobierno de Cristina Kirchner con Kicillof en el Ministerio de Economía devaluó. Es cierto: no había esta inflación y no era meses antes de las elecciones, sino casi dos años antes de las elecciones de agosto del 2015. Una devaluación hoy tendría otro efecto.

También habría que decir que tampoco tenían la corrida que hay ahora o la crisis de reservas que tiene ahora el Banco Central. Es decir, hay un momento en que ya los decisores políticos y económicos pierden el control de la película. Y no sabemos si esto lo está percibiendo correctamente Cristina Kirchner y tampoco sabemos si lo está percibiendo correctamente Massa. Y hay otro problema, y es que los técnicos del Fondo no tienen tanto margen de maniobra para tratar a la Argentina como un caso especial. Porque junto con la caída de las exportaciones por la sequía, hay una caída en las retenciones, que significan mucho menos ingresos para el Tesoro. Y como el Gobierno no quiere devaluar, todo el ajuste que se lleva adelante es por el nivel de actividad, y al caer el nivel de actividad, también cae la recaudación. Por lo tanto, la cuestión cambiaria y la sequía terminan afectando las cuentas públicas y hacen que el compromiso del Gobierno, ya no de metas de reserva sino de metas de déficit, también esté incumplido frente al FMI. Entonces, el Fondo tendría que pedir un nuevo ajuste para conceder lo que Massa iría a reclamar.

Como todos sabemos, hay un cepo sobre las importaciones y juega un rol principal la Secretaría de Comercio, es decir, Matías Tombolini. Y acá aparece una novedad. Este lunes hubo una denuncia penal contra Tombolini. La llevaron adelante tres diputados de la Coalición Cívica que lidera Elisa Carrió: Paula Oliveto, Juan Manuel López y Victoria Borrego. Fueron al juzgado de Servini de Cubría a plantear una denuncia por la cantidad infinita de rumores y versiones de que los permisos para importar en la Secretaría de Comercio se cobran. Y que hay grandes niveles de arbitrariedad, donde podría estar involucrada la esposa de Tombolini, María Stroman, que ha sido designada la semana pasada como asesora ad honorem.

La relación con el Fondo está totalmente ligada a un problema de alineamiento geopolítico de la Argentina. Es lo que le pasa a los países cuando tienen una extraordinaria debilidad financiera frente al mundo. La semana pasada la visita de dos personas, dos mujeres muy relevantes en los temas de seguridad de Estados Unidos. Una es Wendy Sherman, la subsecretaria de Estado, una profesional de gran carrera diplomática ligada a los demócratas, que estuvo involucrada en temas como negociaciones con Corea del Norte, con Irán y temas de seguridad internacional en Medio Oriente. Esto indica que no tiene nada que ver con América Latina. Viene a hablar de temas en los que la Argentina se roza con los intereses globales de Estados Unidos, centralmente, China. La otra visitante, Laura Richardson, que está viniendo todos los años, es una generala, jefa del Comando Sur, que también viene con una agenda muy precisa, relacionada con China, básicamente con la compra de aviones de guerra. Hay una agenda de Estados Unidos en relación con los intereses chinos que hay en la Argentina, que se va a volver una agenda más urgente, en la medida en que la relación entre China y Estados Unidos se va volviendo más agresiva.

Acaba de producirse una visita del embajador Marc Stanley, de los Estados Unidos, y del embajador de Bélgica Karl Dhaene en la hidrovía. Allí se está por licitar toda la tarea de dragado y los Estados Unidos tienen un interés ahí muy peculiar, que es que no quede en manos de los chinos. Es un tema central porque es por donde salen los granos, los alimentos que la Argentina le vende a China. Si uno hablara con un norteamericano o con un japonés, ellos podrían decir lo siguiente: el lugar que hoy Brasil y la Argentina ocupan en el mundo es que son los que le venden alimentos a quien eventualmente, en un escenario más complicado, podría ser nuestro enemigo de guerra. Entonces queremos saber si en la eventualidad de una guerra, que se podría disparar por cualquier chispa que se encienda, por ejemplo, cerca de Taiwán, Brasil y Argentina van a seguir alimentando a nuestro enemigo o van a aliarse con nosotros. Ahí es donde la hidrovía, que es por donde pasan los alimentos, se convierte en un negocio geopolíticamente estratégico. Lo mismo ocurriría si se establece una base de aprovisionamiento logístico para barcos que crucen por el Estrecho de Magallanes porque, suponen quienes están pensando esta eventual guerra, si se produce ese conflicto el canal de Panamá va a estar bloqueado. En consecuencia, el flujo de energía y el flujo de alimentos hacia China va a pasar por el sur de la Argentina. Por eso es tan importante esa base. De golpe, en esta nueva escena internacional, la Argentina y Brasil, proveedores importantes de China, empiezan a tener un papel relevante. Pero es más relevante en el caso de la Argentina porque el gobierno de Brasil, que no tiene la dependencia financiera que tiene el gobierno argentino, ha decidido hacer su propio juego y aproximarse a China. Hubo una visita la semana pasada muy importante de Lula da Silva a Xi Jinping. Hay, además, un ejercicio que está haciendo Brasil con China y con los Emiratos Árabes, al que quieren sumar también a Turquía y eventualmente a Francia, para proponer una mesa de paz que termine con la guerra de Rusia contra Ucrania. Se manifiesta así entonces, con la vuelta de Lula, el regreso de un Brasil que se percibe como una potencia internacional autónoma que puede jugar un juego desafiante frente a Estados Unidos, o por lo menos muy autónoma respecto a Estados Unidos.

Frente a eso, el Gobierno argentino va al Fondo, al Departamento del Tesoro y al Departamento de Estado a decir “valoren nuestro alineamiento” ¿Y dónde más hay que alinearse? En la tecnología de telecomunicaciones. Y acá es donde la situación es más ambigua, con el famoso 5G. No es por el teléfono que usamos nosotros sino porque el 5G, la tecnología de telecomunicaciones, es la que se utiliza para dirigir los misiles u operar los sistemas de telecomunicación de los barcos, de las Fuerzas Armadas en general. Es importante entonces a quién un país le entregue esa tecnología en materia militar. Y hoy se están haciendo las licitaciones de ese servicio. Se están elaborando los pliegos. Y en esa elaboración aparece una curiosidad. Primero, hay una disputa de precios entre los operadores y el Gobierno. El Gobierno pretende cobrar 200 millones por empresa mientras que las empresas dicen no más de 150. El Gobierno, en los borradores de los pliegos, le está pidiendo que esos dólares sean en efectivo. ¿Y con los insumos que hacen? ¿Van a dar los dólares cuando tengamos que importar la tecnología para implementar todo el sistema? Y acá aparece algo todavía más borroso. Una posibilidad de que, para importar, el Central no entregue dólares sino yuanes. ¿Pero quién va a aceptar yuanes? Sólo los chinos. Quiere decir que es una licitación orientada a Huawei, la empresa china. Ahí es donde prenden una alarma los americanos que tienen en el Congreso de Estados Unidos un proyecto de ley, que ya pasó por la Cámara de Representantes, que busca sanciones a las empresas que en el corazón de sus sistemas tengan tecnología china. Hablamos entonces de un tema de alineamiento internacional importante que se está discutiendo en este momento con un país que está de rodillas por falta de dólares. Y esto también genera tensiones internas dentro del kirchnerismo, que no es un movimiento precisamente pro-norteamericano.

Estas tensiones internas se expresan de distintas maneras y tienen efectos variados. Hay un documento de la autoría de Horacio Rivelli, profesor de FLACSO, que es militante de un grupo del amplio universo kirchnerista llamado Los Soberanxs, liderado por Alicia Castro. Este documento dice: “Lunes 10 de abril. El ministro Sergio Massa fracasó en tratar de conseguir un crédito puente de 5.000 millones de dólares del FMI. También le rechazaron el pedido que hizo de que le adelanten en abril, mayo y junio de 2023 los 10.793 millones de dólares que según el acuerdo de facilidades extendidas firmado y autorizado por la ley 27.668, deben ingresar en junio, septiembre y diciembre”. Quiere decir que alguien del oficialismo, de un sector muy ligado a Cristina Kirchner, dice: “Massa ya fracasó en que le adelanten esos fondos. Esta noticia se supo en el país y comienza a crecer el precio del tipo de cambio paralelo, esencialmente por grandes operadores comprando dólares…”. El Gobierno cree que todavía se puede alcanzar ese acuerdo y, desde un sector del oficialismo dicen “Massa ya lo perdió”. Con lo cual, si uno está mirando el comportamiento del dólar, piensa en Massa. ¿No le van a dar los dólares de los exportadores? ¿Y tampoco le van a dar los dólares del Fondo? Lo dice un kirchnerista.

En la desesperación, empiezan reacciones complicadas donde reaparece el viejo rostro de algunos funcionarios kirchneristas apretadores, que caracterizaron los años de Néstor Kirchner y de Cristina Kirchner. ¿A qué me refiero? Primero, se sabe ahora que al juez Horacio Rosatti y al juez Carlos Rosenkrantz les inventaron dos líneas telefónicas un día antes de que saliera el fallo por la coparticipación que generó toda una crisis. Aparecen además amenazas sobre la sociedad de bolsa Max Capital, porque en un informe pronosticó que podía haber una devaluación. Es obvio que esto podría ocurrir. Es más, muy probablemente el Fondo esté pidiendo una devaluación y cualquiera que vea el comportamiento de las reservas, si es racional, teme que va a haberla. A Max Capital la acusan de terrorismo por haber dicho que podía haber una devaluación del 50%. La pregunta que hay que hacerse es: ¿a partir de qué porcentaje el pronóstico es terrorismo? ¿Quién fija el número de devaluación pronosticada a partir del cual el economista que lo plantea es terrorista?

En medio de toda esta desesperación para que no se hable del dólar, hay otro rumor que circulaba en el mercado, ojalá no sea cierto, y es que suspenderían el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) que son pronósticos que realizan economistas profesionales y que publica el Banco Central. De ser cierto, sería como cuando intervinieron el Indec en 2008, con Alberto Fernández, jefe de Gabinete. Es romper el termómetro. Que nadie hable de lo que todos estamos viendo.

En este contexto de reacciones de tinte extorsivo, aparece algo mafioso. Sergio Chodos, funcionario público y representante argentino en el Fondo Monetario Internacional, muy ligado a Martín Guzmán, a quien logró sobrevivir, habla de tres exfuncionarios de Juntos por el Cambio que habrían ido a Washington a pedir al FMI que no le de a la Argentina aquellos adelantos. Chodos no dice los nombres. ¿Será porque no los tiene o será porque no es valiente? Pero en los medios alineados con el Gobierno, junto con la palabra de Chodos, aparece la foto de Alfonso Prat-Gay, Guido Sandleris y Hernán Lacunza. Primera curiosidad: cada vez que vienen técnicos del Fondo a la Argentina se ven con la oposición. No es una novedad que haya conversaciones entre la oposición y el Fondo. Segunda peculiaridad que Chodos tal vez no recuerda: después de las primarias del 2019, Alberto Fernández recibió en Buenos Aires al Fondo y le insinuó que no no siga habiendo desembolsos para el país porque él no les va a pagar. Llegó tarde. Porque después de la derrota de Macri en esas primarias, el Fondo suspendió los desembolsos. ¿Habría que decir que Fernández es un traidor a la Patria por haber hecho eso? Lo más interesante de lo de Chodos es que ni siquiera se tomó el trabajo de verificar lo que suponía. Es decir, de trabajar. Este lunes, en un tuit, Alfonso Prat-Gay dijo que si él es uno de los que fue al Fondo, se equivoca. “No llegué a Washington. Tuve un problema con un avión, no pude ir a la reunión y quedó la credencial sin usar”, escribió. Chodos podría haberse tomado el trabajo de preguntar quienes habían, por lo menos, retirado la credencial. Lo que vemos son señales de desesperación y también luchas internas, porque Chodos desde hace años está pretendiendo el lugar de Miguel Pesce, el presidente del Banco Central, que es el último indicador del poder que tiene Alberto Fernández. Porque Fernández sostiene a Pesce, a pesar de que Massa lo quiere sacar. No para poner a Chodos. Balance: faltan dólares, el sector exportador no los provee y el Fondo está por verse. El profesor Rovelli dice que no lo hará.

El lunes se produjo un paro del sindicato de camioneros fleteros. No es el sindicato de Moyano. Es un sindicato, bastante autogestionado, que corta el acceso a los puertos de la Provincia de Buenos Aires y, sobre todo, de Santa Fe, que es donde tendrían que llegar los pocos granos que hay, para que los exporten las cerealeras y Massa tenga los dólares que está desesperado por pedir. Ahora bien, ¿no hay un Chodos para esta gente? ¿El bloqueo a los puertos es traición a la patria o no? Tal vez no, probablemente estén pidiendo mejoras de salario con una inflación que supera el 100%. Lo curioso es el doble estándar del gobierno para evaluar situaciones parecidas.Todo esto nos lleva a la política. El deterioro de Massa con esta carrera del dólar, con esta carrera de la inflación, no es el deterioro de un Ministro de Economía clásico, es el deterioro del candidato a Presidente que mejor le resuelve al oficialismo su ecuación. Por eso mucha gente del sector agropecuario dice “Massa está jugando a las cartas, y solo va a devaluar cuando lo designen candidato”. A lo mejor llega tarde. El quiere ser candidato de unidad, a pesar de que el Presidente dijo que él va a ser el garante de la interna. Aparece también Daniel Scioli, que quiere ir a una interna y se propone como un candidato posgrieta. Él dice “ni macrismo ni kirchnerismo”. Es una solución que empiezan a buscar muchos peronistas que están acorralados electoralmente. Y si no, miren lo que pasa en Mendoza, un candidato del PRO asociado al peronismo, Omar De Marchi. Miren lo que pasa en Salta, está el candidato del Frente de Todos, pero aparece otro candidato novedoso, original, que se llama Emiliano Estrada, y arma su propio frente. Él es kirchnerista y arma un frente kirchnerista con el Pro. Es decir, pareciera que en estos pequeños experimentos empieza a haber otra configuración política, una especie de vuelta de página.Frente a este problema está Cristina Kirchner, que va a hablar el jueves en La Plata, en el marco del aniversario de la elección del 2003. Probablemente, dicte una conferencia muy parecida a la que dio la vez pasada en la Universidad de Río Negro. Es casi seguro que frustre a los que quieran una definición respecto de lo que va a hacer ella. Va a decepcionar también a los que quieran que bendiga a alguien. Nos vamos a tener que arreglar con gestos, proximidades, ausencias y presencias. Va a ser una decodificación bastante arbitraria porque no va a dar vuelta ninguna baraja, aparentemente. Esto es importante porque Cristina empieza a recibir una presión muy grande. Y es una presión de los propios. Ya el operativo clamor empieza a transformarse en operativo reproche. Algo que podría frasearse así: “Cristina, revisá tu decisión. ¿Cómo es esto de que no vas a jugar y nos dejas solos, si sos la principal carta que tienen los votantes del Frente de Todos, que siguen eligiendo a ella como principal candidata?”. Muchos desempolvan libros viejos y aparece Conducción Política. El gran manual de conducción donde Perón dice: “Cuando un partido político se viene abajo, no es el partido político quien tiene la culpa, sino el conductor. En el último análisis, el culpable es siempre el conductor. Algún error habrá cometido, o quizás muchos errores, ya que salvar al partido es su función, porque es su causa. Pero el conductor, cuando sucumbe su causa, también sucumbe él y generalmente la fuerza que lo acompaña con él sistemáticamente”. Esto es un mensaje para Cristina y ella debe estar en este dilema, como está cualquier conductor en dificultades. ¿Y por qué esto es acuciante? Porque empieza a haber otro tipo de presiones. “Cristina, ¿lo vas a bendecir a Massa?”, es uno de las interrogantes que circula. Mientras tanto, empiezan a crecer referentes como Juan Grabois y los frentes de izquierda. Hay una encuesta en Jujuy donde el Frente de Izquierda es la segunda fuerza en Jujuy. En La Plata, el trotskismo aparece con 7% de votos, que es muchísimo.

¿Qué es lo que está pasando? Probablemente, algunos datos vinculados a inflación, el salario y la pobreza lo expliquen. Los únicos países en los que la inflación sube son Argentina y Reino Unido. Hasta Venezuela baja. En el resto de las naciones parece haber una tendencia internacional a la baja en la inflación. Este problema de la inflación produce otro: el incremento del valor de la canasta básica y como esta se va aproximando al salario promedio formal de los trabajadores. Esto nos habla de un drama central de la economía argentina, que es que tener trabajo formal no significa no ser pobre. Hay cada vez más trabajadores formales, que están dentro del convenio de trabajo, y sin embargo están por debajo de la línea de la pobreza. Entonces, ¿a dónde estamos yendo? Esta es la pregunta que le van a hacer el jueves a Cristina, mirándola a los ojos sin hablarle, en el Teatro Argentino de La Plata. Este es el problema porque, en última instancia, el candidato es la obra del Gobierno.

Fuente: LA NACIÓN por Carlos Pagni

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