Apertura importadora en Argentina: ¿Reasignación o demolición del empleo? El debate detrás de los jeans de Adorni – por Ricardo Raúl Benedetti

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Buenos Aires, 4 de febrero de 2026

Cuando el Jefe de Gabinete Manuel Adorni preguntó en LN+ dónde se pierden los puestos de trabajo si un jean importado cuesta 25 dólares mientras el nacional vale 100, no estaba improvisando una chicana televisiva. Estaba sintetizando una matriz ideológica completa: la convicción libertaria de que el mercado, aun cuando destruye, siempre reconstruye.

El razonamiento parece impecable sobre el pizarrón de la teoría económica. El ahorro del consumidor —los 75 dólares de diferencia— se trasladaría a otros sectores, generando nuevas oportunidades laborales. No hay pérdida neta: sólo reasignación.

Pero la economía real rara vez funciona con la prolijidad geométrica de los manuales. Y los números duros de la Argentina actual obligan a formular una pregunta incómoda: ¿la apertura comercial está generando movilidad productiva… o un proceso de desindustrialización sin amortiguadores sociales?

La narrativa oficial: eficiencia económica contra la nostalgia industrial

Durante su entrevista con Luis Majul, Adorni defendió la eliminación de barreras arancelarias como un motor de crecimiento estructural. Según su planteo, sostener industrias protegidas equivale a perpetuar pobreza e informalidad laboral.

El argumento no es nuevo. Se apoya en el principio de “destrucción creativa” formulado por Joseph Schumpeter: las actividades menos competitivas desaparecen para permitir el surgimiento de otras más eficientes.

Sin embargo, el problema no reside en la teoría sino en el tránsito entre un modelo y otro. La experiencia argentina muestra que los procesos de reconversión productiva suelen ser más lentos que los ciclos políticos y mucho más lentos que el ritmo del desempleo.

Y allí aparece la primera grieta empírica del discurso oficial.

Los datos sociales: estabilización macro con fracturas laborales

Los indicadores sociales reflejan una realidad más compleja que el relato binario entre apertura y atraso.

Según INDEC, la pobreza bajó al 31,6% de la población en el primer semestre de 2025 (desde picos del 52,9% en 2024), gracias a la desaceleración inflacionaria. Proyecciones para el tercer trimestre la ubican en torno al 27,5%.

Sin embargo, la informalidad laboral alcanzó el 43,3% en el tercer trimestre de 2025 (EPH-INDEC), un leve aumento interanual. Cuatro de cada diez trabajadores siguen sin cobertura previsional ni estabilidad, lo que indica que la mejora macro no se traduce plenamente en calidad laboral.

Radiografía de la industria textil: el epicentro del impacto importador

La industria textil concentra hoy uno de los efectos más visibles de la apertura comercial.

Datos de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) y Fundación ProTejer indican que el sector perdió entre 16.000 y 18.000 empleos formales desde fines de 2023, junto con el cierre de alrededor de 466 empresas (principalmente en confección).

El INDEC registró en noviembre de 2025 una utilización de capacidad instalada de apenas 29,2% en productos textiles —el nivel más bajo de la serie histórica—, impulsado por un boom de importaciones asiáticas y e-commerce transfronterizo (relación importaciones/exportaciones superior a 20:1).

Las consecuencias son particularmente severas en provincias donde el textil representa un núcleo del empleo industrial, como La Rioja o Catamarca, convirtiendo el impacto en un problema estructural regional.

El dilema de la reconversión: lo que la teoría no resuelve

El argumento libertario sostiene que los trabajadores desplazados migrarán hacia sectores más productivos. La evidencia internacional muestra que ese proceso existe, pero rara vez es automático.

Perú logró sostener su industria textil tras su apertura combinando tratados de libre comercio con políticas activas de exportación y capacitación. Chile reconvirtió parcialmente su sector hacia servicios y economía circular mediante programas estatales prolongados.

Brasil, en cambio, experimentó un deterioro inicial severo durante su liberalización de los años noventa y sólo logró estabilizar su entramado industrial tras aplicar salvaguardas selectivas.

El denominador común es claro: la apertura sin políticas de transición suele producir pérdidas laborales más profundas y persistentes.

Argentina, por ahora, ensaya un camino donde el ajuste productivo avanza más rápido que la reconversión social.

Economistas en disputa: eficiencia versus estructura productiva

El debate académico refleja la misma tensión.

Especialistas del sector textil sostienen que el esquema actual combina apertura con un tipo de cambio poco competitivo y elevada presión tributaria, generando un cóctel que debilita la producción local.

Economistas cercanos al ideario libertario consideran que la protección industrial histórica condenó al país a precios elevados, baja productividad y pérdida de competitividad global.

Entre ambos polos, surge una postura intermedia: la apertura puede mejorar eficiencia y reducir precios, pero requiere políticas explícitas de transición laboral para evitar una destrucción irreversible del tejido productivo.

El contexto global: un mundo menos liberal de lo que Argentina supone

Mientras Argentina avanza hacia una liberalización comercial profunda, el escenario internacional muestra una tendencia inversa. Según organismos multilaterales, las medidas proteccionistas globales superan ampliamente a las iniciativas de apertura.

Incluso economías altamente competitivas utilizan subsidios, barreras técnicas o incentivos industriales para preservar sectores estratégicos. La globalización actual ya no responde al paradigma de libre mercado irrestricto que dominó los años noventa.

El precio real del jean barato de Adorni

La discusión sobre los jeans de Adorni expone una tensión histórica de la economía argentina: cómo equilibrar competitividad, consumo y empleo.

Los datos indican que la apertura comercial puede mejorar el poder adquisitivo del consumidor en el corto plazo. También muestran que la transición productiva está generando pérdidas laborales concretas en sectores intensivos en mano de obra.

Con niveles de pobreza aún superiores al 30% y una informalidad laboral que alcanza al 43%, el desafío argentino no es elegir entre mercado o industria, sino diseñar una estrategia que combine apertura con políticas activas de reconversión.

Sin ese equilibrio, el ahorro en el precio de una prenda puede terminar trasladándose al costo social de comunidades enteras.

Y la historia económica argentina demuestra que esos costos rara vez son temporales.

Ricardo Raúl Benedetti

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