
Javier Milei confirmó algo más que un recambio ministerial: oficializó un reordenamiento de poder dentro de su propio Gobierno. Juan Bautista Mahiques reemplaza a Mariano Cúneo Libarona en Justicia. No es un ajuste técnico. Es una señal política.
En la pulseada interna, la línea pragmática de Karina Milei y el bloque riojano se impuso sobre el esquema más técnico que orbitaba en torno a Santiago Caputo. Y el Presidente —que hizo campaña prometiendo dinamitar la lógica de la política tradicional— eligió, esta vez, al más político de los candidatos posibles.
Del laboratorio libertario al pragmatismo judicial
Cúneo Libarona había llegado en diciembre de 2023 con una agenda doctrinaria: independencia judicial, idoneidad y combate frontal a la corrupción. En términos operativos, avanzó. Impulsó la expansión del sistema acusatorio federal y defendió jurídicamente decisiones sensibles como el DNU 70. Pero no logró transformar la estructura profunda del poder judicial ni destrabar los nombramientos estratégicos que el oficialismo necesitaba para consolidar su proyecto.
Su gestión no fue un fracaso. Fue algo más incómodo: insuficiente para la segunda etapa.
El desgaste era evidente. Y Milei decidió reemplazar el perfil académico por uno con experiencia en negociación, vínculos cruzados y manejo real del ecosistema judicial.
Mahiques: redes, antecedentes y poder territorial
Juan Bautista Mahiques no es un outsider. Su recorrido lo ubica dentro del engranaje institucional construido durante el macrismo: fue viceministro de Justicia y representante del Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura entre 2015 y 2019, con respaldo político de Daniel Angelici. Desde 2019 se desempeñaba como fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires.
Su apellido tiene peso propio: su padre, Carlos “Coco” Mahiques, integra la Cámara Federal de Casación. El nuevo ministro conoce el sistema desde adentro. Y el sistema lo conoce a él.
Su nombre apareció en controversias públicas en los últimos años —desde el viaje a Lago Escondido en 2022, causa luego sobreseída, hasta menciones en investigaciones vinculadas al entorno de la AFA—, pero ninguna derivó en consecuencias judiciales firmes. Esa combinación —exposición, supervivencia, continuidad institucional— es precisamente lo que lo convierte en un operador eficaz en contextos complejos.
No es un ideólogo. Es un gestor de poder.
La interna que definió el movimiento
En las semanas previas circularon otros nombres. Pero la decisión final evidenció una correlación de fuerzas: Karina Milei y el bloque riojano lograron imponer su candidato. Santiago Caputo, que promovía perfiles menos atravesados por la política tradicional, quedó desplazado en esta jugada.
La señal es clara: cuando la estabilidad judicial y la administración de riesgos se vuelven prioritarias, el Gobierno opta por estructura antes que pureza.
Ese cambio marca una transición silenciosa. El oficialismo que prometía romper con la lógica de la “casta” hoy necesita dialogar con ella para gobernar.
$LIBRA y Andis: el telón de fondo
El movimiento no puede analizarse sin el contexto de los expedientes abiertos.
El caso $LIBRA, el escándalo cripto que estalló en febrero de 2025, continúa con causas en Estados Unidos y en Comodoro Py sin definiciones sustantivas. La unidad investigadora creada en su momento fue disuelta. El tema sigue latente.
La causa Andis, vinculada a presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad y al circuito de medicamentos de alto costo, elevó la percepción pública de corrupción y reintrodujo una palabra que el oficialismo buscaba desterrar de su narrativa.
Ambos casos no son hoy una crisis terminal. Son un riesgo estratégico.
En ese escenario, la llegada de un ministro con capacidad de interlocución en el mundo judicial aparece menos como un gesto ideológico y más como una decisión de control de daños.
El silencio que importa
Lo llamativo no fue la reacción de la oposición. Fue, hasta el momento, la cautela dentro del propio universo aliado. Patricia Bullrich respaldó institucionalmente la decisión. Mauricio Macri no emitió declaraciones públicas hasta ahora. Tampoco hubo pronunciamientos visibles de Santiago Caputo.
Ese silencio no necesariamente es ruptura. Puede ser espera. Puede ser cálculo. Puede ser que las definiciones lleguen en las próximas horas o días. Pero, en política, el tiempo también comunica.
No hubo euforia libertaria ni celebración épica en redes. El nombramiento no generó entusiasmo. Generó aceptación. Y cuando una decisión clave se recibe con mesura en lugar de convicción, el dato merece atención.
El verdadero cambio
La designación de Mahiques no garantiza reforma judicial ni impunidad. Pero sí confirma algo más profundo: el Gobierno ha dejado atrás la etapa del experimento doctrinario y entró en una fase de administración pragmática del poder.
Karina Milei y el sector político del oficialismo consolidaron su influencia. Santiago Caputo perdió terreno en el área más sensible del Estado después de Economía.
La Justicia argentina nunca fue neutral. Ahora tampoco será aséptica. Será negociada.
El interrogante no es si el sistema cambiará.
Es si el cambio prometido terminó adaptándose al sistema que juró reemplazar.
Ricardo Raúl Benedetti
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