El callejón sin salida de Patricia Bullrich – EL REFLECTOR DE LOS MARTES de Alejandro Sala

El callejón sin salida – diseño IA

Sus movimientos de los últimos tiempos ponen en evidencia que la señora Patricia Bullrich está madurando la idea de volver a presentar una candidatura presidencial. El razonamiento íntimo de Bullrich -no expresado públicamente pero deducible de sus maniobras políticas- parece ser que, si Javier Milei llega desgastado a la competencia electoral y, dado que Mauricio Macri tiene un techo demasiado bajo, entonces ella podría emerger como una suerte de “plan B” para representar a todo el antiperonismo aglutinado, especulando con que los votantes apoyarán a cualquiera que impida que el kirchnerismo retorne al gobierno.

 En el papel, la estrategia de Bullrich parece buena. Si Milei y Macri quedan descartados, entonces ella podría ser una alternativa. Los estudios de opinión pública señalan que tiene un buen balance de imagen positiva/negativa. Pero ¿es la realidad concreta tan lineal como se la concibe en el terreno de las hipótesis?

Bullrich tiene, por lo pronto, una limitación seria en el hecho de que no transmite una imagen de solvencia en el manejo de la economía, un punto que, para el votante no peronista, es absolutamente crítico. La buena imagen de Bullrich deviene de su actuación en otros campos pero, en lo referido a la economía, no se le conoce ningún antecedente que revele comprensión del tema. Cuando fue candidata a presidenta en 2023, ese fue un ostensible punto débil de su postulación y, desde entonces, no mostró haber incorporado conocimiento alguno sobre el tema. Considerando la prevalencia que las cuestiones económicas tienen en el devenir de la política argentina, que alguien que no manifiesta comprensión del problema quiera acceder a la Presidencia suena, cuando menos, temerario.

Pero aun suponiendo que tuviera un gran equipo económico y delegara la gestión técnica en sus colaboradores (presumiendo que tenga las aptitudes necesarias para saber elegirlos, lo cual es muy dudoso porque Bullrich solo se rodea de incondicionales y un buen equipo económico deberá, en innumerables ocasiones, contradecir al Presidente) ¿cuál sería la orientación conceptual de su política económica? Bullrich no tiene un pensamiento económico formado, una idea acabada respecto de qué es lo que le parece bueno para la economía , un criterio definido acerca de qué es lo que quiere hacer. A Bullrich la economía no le interesa, como a Milei no le interesa la política. ¿Puede ganar una elección, desde una posición no peronista, alguien que no está en condiciones de sostener por sí misma un programa económico que su clientela electoral le va a exigir que exponga, siquiera someramente?

Bullrich tiene además un serio problema en términos de construcción política, derivado de sus constantes cambios de posición. En cada una de sus numerosas etapas, Bullrich dejó facturas impagas que, si quisiera estructurar una candidatura presidencial, le serían presentadas inmediatamente para el cobro. ¿O alguien puede creer que, si Bullrich rompe con Milei, después de alejarse de Macri, con quien se alió después de distanciarse de Carrió (y siguen las firmas) no deberá hacerse cargo de los resquemores que dejó atrás en cada una de las “estaciones” donde estuvo parada temporariamente?

Bullrich y sus allegados podrían argumentar que la conexión de la señora con el electorado es directa, que no está mediada por partido político alguno pero eso implica suponer que, en el momento de evaluar el sufragio, los votantes confiarán en alguien que, de acuerdo con sus antecedentes, resulta absolutamente imprevisible.

Ese es el verdadero problema: que nadie sabe cuál será el rumbo que Bullrich le imprimiría al país si accediera a la Presidencia. Bullrich nunca tuvo una posición clara sobre cuestiones políticas de fondo. Siempre supo acomodarse a la corriente dominante en cada coyuntura y así es como, en el contexto de confusión generalizada en el que la vida política argentina se ha venido desarrollando, ella logró tener un protagonismo sostenido.

Pero para ganar una elección presidencial hace falta mucho más que buenos reflejos para acomodarse a los vientos que soplan en cada instancia. Hay que ganarse la confianza del electorado, hay que poder sostener un rumbo previsible, hay que tener la capacidad de mantenerse firme aun en circunstancias adversas. Bullrich proyecta todo lo contrario de ese perfil. Parece ser una persona de carácter firme porque habla en términos categóricos y altisonantes. Pero por debajo de esa imagen “prefabricada” hay una persona insegura y que, sin el respaldo de alguna figura sólida a que la sostenga, carece de convicción para elegir un camino y recorrerlo a despecho de las adversidades que se le presenten.

Por todo esto es que Bullrich se encuentra en un callejón sin salida en términos políticos. Tiene mandato como senadora por cinco años más pero, si sueña con una candidatura presidencial, se encontrará muy huérfana de apoyos para llevarla a buen término, aun a pesar de que las encuestas de hoy (no del día de las elecciones) le den imagen favorable. Sin el acompañamiento de ninguna figura relevante, sin poder sostener una posición creíble en economía, sin antecedentes que inspiren confianza ¿cómo podría Patricia Bullrich configurar una candidatura presidencial exitosa? Los analistas amateurs que pululan en redes sociales y streamings podrán creer que es una gran candidata. Pero en realidad es un espejismo por el cual sería un grave error dejarse engañar.

Alejandro Sala

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