Senado: el oficialismo, bajo un inédito escenario de debilidad que obliga a Cristina a ceder y negociar

La presidenta del Senado depende ahora de los aliados, que se hacen valer. Además debe hacer equilibrio porque crece el malestar en el FdT.

-A sorpresa, sorpresa y media.

 El que hace la advertencia es el senador peronista por Entre Ríos Edgardo Kueidermolesto porque desde el Frente de Todos de la Cámara alta se presentó un proyecto que no había sido consensuado previamente en la bancada para gravar a los bienes sin declarar en el exterior para cancelar la deuda con el FMI.

“Si decidieron hacerlo por sorpresa entonces yo me siento con derecho a opinar lo que se me canta el traste. Y la verdad es que así como está el proyecto no me cierra”, agrega el legislador, que forma parte del esquema del gobernador entrerriano Gustavo Bordet.

El proyecto que Kueider cuestiona abiertamente -de una primera lectura y rápida objeta que se busca crear un tributo sobre un delito, entre otros puntos- no es uno cualquiera. Es uno que impulsa la propia Cristina Kirchner para diferenciarse de Alberto Fernández y que fue redactado por su equipo de asesores.

Y si se lo presentó de forma sorpresiva fue por decisión de la propia CFK: no quería que se filtrara antes de tiempo por ningún lado. La desconfianza, aún de los propios, está en el ADN del kirchnerismo.

La enorme mayoría de los 35 senadores del FdT se enteró de la existencia del proyecto cuando ya había sido anunciado a través de un comunicado de prensa que llevaba la firma de toda la bancada.

En el grupo de WhatsApp de los senadores oficialistas hubo quejas. Una senadora planteó que al menos les compartieran al resto el proyecto para ver de qué se trataba. Poco después se los reenvió a todos el jefe del bloque, José Mayans.

Ese malestar interno viene del año pasado. Ya en octubre hubo cuestionamientos a la alineación automática que el bloque tenía con Cristina. Se repetían las quejas entre senadores de que no se les abría el juego y que hasta debían ir al recinto sin siquiera tener tiempo de estudiar los proyectos.

Con astucia, la presidenta del Senado compensó entonces a algunos de los que amenazaban con rebelarse y logró conservar el control del bloque.

Pero fue efímero. Hace menos de dos semanas la bancada del FdT votó dividida el acuerdo con el FMI. Sobre 35 senadores, 20 votaron la ley que impulsaba Alberto Fernández y 13 lo hicieron en contra y dos se abstuvieron, en línea con los cuestionamientos de Cristina al acuerdo impulsado por Alberto Fernández.

Ahora con la ley del impuesto a los bienes sin declarar asoma otra señal de tensión en el bloque.

El problema es que a Cristina no le sobra nada. Ya había perdido, tras la derrota electoral del año pasado, el quórum propio en el Senado. Con sólo 35 senadores -que encima como quedó claro en la votación del Fondo pueden ser menos- ahora depende de los senadores aliados.

Hay apenas tres que, en principio, podrían catalogarse con ese mote: el rionegrino Alberto Weretilneck, la misionera Magdalena Quintana y la riojana Clara Vega.

Con el oficialismo sin quórum propio, los aliados se hacen valer. Se quedarán con las codiciadas presidencias de tres comisiones: Weretilneck en la de Agricultura, Vega en la de Economías Regionales y Quintana en Legislación General, que se constituirá justamente hoy para arrancar el tratamiento de la ley que busca gravar los bienes en el exterior sin declarar.

Pese a esas ofrendas, los aliados hacen su propio juego.

“Esto es ley por ley. No soy oficialista ni opositor”, repite el ex gobernador de Río Negro. Desde esa posición, en la noche de este martes lograba que el oficialismo acepte introducir una serie de cambios en el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura.

Es un escenario inédito de debilidad del oficialismo en el Senado: debe ceder y negociar porque un único senador se les plantó. Sin él, no llegan a los 37 para el quórum ni para los 37 de la mayoría absoluta que la ley demanda (Quintana acompañaría, pero Vega no).

¿Y el reglamento?

Tampoco parece tener precedentes lo que sucederá este miércoles. Un proyecto que ya tenía despacho de comisión volverá para ser discutido en comisión y volver a tener dictamen.

“Será insólito, un mismo asunto con dos órdenes del día diferentes”, apuntan en el bloque de la UCR. Según los radicales, por reglamento los cambios únicamente podrían hacerse en el recinto en una sesión: “La levantaron porque no querían que quedaran expuestas las fracturas internas que tienen adentro”.

En el oficialismo rechazan esa interpretación. Alegan que llegarían a la sesión prevista para este miércoles “muy exigidos” por los cambios en el proyecto que anoche se seguían negociando y que introducirlos en el recinto podría haber derivado en un escándalo que la oposición iba a explotar.

A lo reglamentario le quitan relevancia: “Se hará un nuevo dictamen y se deja sin validez el otro”, adelantaron en el FdT.

La idea de Weretilneck que el oficialismo busca ahora amalgamar en su proyecto es que las diferentes regiones de la Argentina (Norte, Sur, Centro y AMBA) tenga un Consejo de la Magistratura propio para tomar sus propios exámenes y armar sus ternas de jueces y camaristas federales.

Es una modificación muy profunda, que debilitaría el poder que ahora se concentra en Buenos Aires, incluso el de la Casa Rosada, sea la administración que sea. Eso sí: su eventual aprobación en el Senado no garantiza su sanción. En Diputados el proyecto parece encaminarse a quedar empantanado.

Fuente: Carlos Galván para Clarín


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