
Alfredo Sábat
El sistema de circunscripciones uninominales que impulsa el Gobierno tendría como primer beneficiario al kirchnerismo, lo mismo que algunas designaciones frustradas y nunca explicadas; las miradas sobre el jefe de Gabinete
Los bloques dialoguistas de la oposición a Javier Milei no saben si lo que sucede en el Gobierno es ingenuidad o si, en cambio, se trata de explícitos compromisos para resguardar a Cristina Kirchner y a Sergio Massa de los avatares de la Justicia. Por un lado, es comprensible que algunos de esos diputados dialoguistas estén más molestos con Milei porque los llama “coimeros”, sin ninguna denuncia concreta, que por el contenido del enorme paquete de decisiones que el Presidente mandó al Congreso. Milei aludió a supuestos deseos de coimas de legisladores opositores (no hubo ningún pedido explícito hasta ahora, según voceros oficiales serios) solo porque estos mostraron cierta distancia con varios artículos incluidos tanto en el decreto de necesidad y urgencia como en la ley ómnibus del Ejecutivo. El diputado Miguel Ángel Pichetto le pidió directamente a Milei que se dirija con más respeto a los legisladores si quiere que sus decisiones sean aprobadas por el Congreso. Pichetto preside un bloque (Hacemos Coalición Federal) que incluye a figuras tan contradictorias como Ricardo López Murphy, diputados de Elisa Carrió, Margarita Stolbizer, Emilio Monzó y peronistas republicanos. Solo un veterano equilibrista de la política, como es Pichetto, puede mantener la paz interna dentro de una ensalada política tan diversa.
Con todo, la mayoría de los legisladores de lo que fue Juntos por el Cambio prefiere aprobar las decisiones de Milei, aunque con varios cambios en la ley ómnibus. Algunos se preguntan si también el decreto de necesidad y urgencia, que solo admite aprobación o rechazo a libro cerrado, puede ser modificado esta vez al estar incluido en el proyecto de ley que trata el Congreso. Esas precisiones se conocerán tras las intensas negociaciones que existen detrás del teatro de la política. El teatro es la batahola que arman todos los días mileistas, kirchneristas y la izquierda. Las negociaciones se llevan a cabo en una habitación de al lado. El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, pone la escenografía y el clima (ambas cosas indispensables para una negociación) para que los representantes del Gobierno y de la oposición dialoguista se sienten a conversar. Participan representantes del Gobierno, por un lado, y de Pro, de la Unión Cívica Radical y del bloque de 23 diputados que lidera Pichetto, por el otro.
de la AFI, la ex-SIDE. Tampoco lo fue. ¿Por qué? Silencio. Javier Iguacel, exdirector de Vialidad Nacional, estaba también entre los seguros funcionarios de Milei. No fue. ¿Qué pasó? Silencio. Leandro Cuccioli fue administrador general de la AFIP en tiempos de Macri y figuraba como eventual funcionario de Milei. Cuccioli se quedó en su casa. ¿Quién lo impugnó? Silencio. Hay un hilo casi invisible que une a todos ellos: fueron en su momento los principales funcionarios para el aporte de pruebas en las causas judiciales que investigaban (e investigan todavía) la corrupción de la familia Kirchner y de sus funcionarios. Fueron los que hicieron posible que esas investigaciones prosperaran. La condescendencia tendría un explicación, no una justificación, si los funcionarios de Milei hubieran conseguido el voto de los kirchneristas en el Congreso. No sólo no lo consiguieron; varios legisladores kirchneristas están proponiendo convocar a una sesión especial de la Cámara de Diputados con el propósito exclusivo de rechazar el DNU de Milei. No hay explicación entonces. Solo queda recordar a Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”.
conservador cuyas ideas están en las orillas mismas (o en el centro) del antisemitismo. Militó en Pro, pero Mauricio Macri no lo reconoce como propio. Según versiones coincidentes, Sánchez tiene una relación directa con Milei. Puede ser. Pero en esas circunstancias es precisamente cuando deben funcionar los necesarios censores para evitarle los errores al jefe del Estado.
Una vieja grabación que circula en redes sociales exhibe a Sánchez con ideas claramente antisemitas, como calificar de “sionistas” a George Soros y a los Rockefeller. El director de la Agencia Judía de Noticias, Daniel Berliner, informó que hay “malestar y preocupación” en la DAIA, la más importante organización representativa de la comunidad judía, por la designación de Sánchez. Berliner, que recordó que el nuevo funcionario tuvo comentarios “que sobrevuelan las conspiraciones judías”, precisó que uno de los principales directivos de la DAIA señaló refiriéndose a Sánchez que “sus expresiones prejuiciosas y ofensivas a diferentes colectivos de nuestra sociedad atenta directamente contra la sana convivencia”. Sucede que Sánchez también se refirió hace poco de la peor manera al papa Francisco y a la religión musulmana. El secretario de Culto, aun en épocas kirchneristas, fue siempre alguien predispuesto a comprender la fe de todas las religiones. Sánchez no comprende a ninguna. Antes, había pedido la pena de muerte para Cristina Kirchner por traición a la patria; fue luego de que se conociera la sentencia a seis años de prisión por la corrupción en la adjudicación de la obra pública. Con una propuesta tan desaforada, Sánchez, que se siente más cómodo entre los evangélicos, corroboró que es un demagogo o que perdió el sentido de las proporciones. ¿Dónde estaba Posse antes de que se firmara esa designación? ¿Qué hacía? ¿Con quién consultó? Otra vez el silencio.
Fuente: Joaquín Morales Solá para La Nación
Apoyá a los que trabajamos por el derecho a la verdad. Hacé clic acá y suscribite a ricardobenedetti.com