
Javier Milei ha logrado instalarse como el referente de una política de confrontación pura. Su estrategia está marcada por una compulsa exclusiva con Cristina Kirchner y el kirchnerismo, buscando posicionar al «Mileísmo» y al «kirchnerismo» como los únicos polos de elección en Argentina. En esta polarización, el macrismo y la oposición dialoguista, que comparten ciertos principios de su plan pero con diferencias fundamentales, quedan invisibilizados y despreciados, apuntando Milei a minar su peso político para eventualmente cooptarlos con ofertas marginales en sus listas de cara a las elecciones de 2025.
El Juego Dual de Milei: Anticastas y Aliados Velados
La retórica anticasta de Milei comienza a encontrar fisuras. La designación de Andrés Vázquez como jefe de la Dirección General Impositiva (DGI) es una de las primeras contradicciones notorias. Vázquez fue colaborador de Ricardo Echegaray, quien fue jefe de la AFIP durante el kirchnerismo y terminó condenado por fraude al Estado en una causa de corrupción que implicaba favores a empresas afines al poder. Esta conexión resulta curiosa para una gestión que promueve el fin de los privilegios y la casta, sugiriendo que el “Mileísmo” parece menos disruptivo de lo que afirma.
Medidas Polémicas y Favoritismos
La política de Milei está dejando ver un marcado doble estándar. Por un lado, impulsa recortes severos en áreas como la AFIP, rebautizada ahora como ARCA, eliminando puestos laborales y reduciendo salarios, todo bajo el discurso de ahorrar $6.4 millones de dólares al año. Sin embargo, al mismo tiempo, ha sostenido beneficios fiscales en Tierra del Fuego que favorecen intereses empresariales cercanos a su entorno, como la familia de Luis Caputo, y elimina exenciones de IVA a medios periodísticos, marcando una clara diferencia en cómo aplica los beneficios fiscales.
El Miedo al Debilitamiento Político: Proyecto Ficha Limpia
La polarización como arma electoral parece estar también detrás del freno al proyecto de ley “Ficha Limpia”, que impediría a los condenados en causas de corrupción presentarse a cargos públicos. Si bien este proyecto apunta a fortalecer la transparencia, el freno al mismo alimenta especulaciones sobre la conveniencia de permitir a Cristina Kirchner competir en 2025 para que Milei tenga a su contraparte favorita. Este juego de duplicidad refuerza la tesis de que el mileísmo ha tomado del peronismo el principio de confrontación para solidificar su base, aunque eso implique amoldarse a intereses y personajes que él mismo tilda de “casta”.
El PRO, ¿Aliado o Adversario?
El PRO enfrenta una disyuntiva ante esta polarización de Milei. Aunque gran parte de sus planteos económicos se alinean con Milei, las diferencias en la visión institucional y política son cada vez más evidentes, como el rechazo al nombramiento de Ariel Lijo en la Corte Suprema. Ante esta exclusión, el PRO tiene la oportunidad de optar por diferenciarse, participar con listas propias en las elecciones intermedias de 2025, y marcar un rumbo hacia 2027, rescatando su caudal electoral independiente y defendiendo una agenda menos extrema.
Conclusión: ¿Otro Peronismo Encubierto?
El “Mileísmo” que promete combatir la casta política pareciera estar reinventando los métodos que tanto criticó. En su afán de crear un único antagonista, evita y hasta invisibiliza a la oposición moderada, al tiempo que realiza concesiones y alineamientos estratégicos con figuras y prácticas políticas que cuestionan su promesa de cambio real. Así, el camino que Milei promueve se enfrenta a la duda: ¿es una alternativa auténtica o una nueva versión de un peronismo extremo que solo busca polarizar para sostenerse en el poder?
Ricardo Raúl Benedetti
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