
De la indignación opositora a la indiferencia en el poder: cuando las llamas no despiertan el mismo enojo de antes.
La tragedia en El Bolsón y la tibia respuesta oficial
El incendio en El Bolsón ya arrasó más de 2.700 hectáreas, obligó a evacuar a cientos de personas y dejó en evidencia, una vez más, la precariedad del Estado para enfrentar catástrofes ambientales. Ante el reclamo del gobernador de Río Negro, el gobierno de Javier Milei anunció el envío de $5.000 millones para la reconstrucción de viviendas, una medida que llega tarde y parece más una respuesta a la presión política que un plan real de gestión de emergencias. Mientras tanto, los brigadistas y voluntarios siguen luchando contra el fuego con recursos insuficientes y sin una coordinación nacional efectiva.
La doble vara del oficialismo actual
Lo más llamativo de esta crisis no es solo la falta de prevención o la escasa reacción del gobierno, sino el contraste con el discurso de quienes hoy ocupan el poder. Durante los incendios en Corrientes en 2022, la oposición de aquel entonces –de la que hoy muchos son funcionarios nacionales– se rasgaba las vestiduras denunciando la desidia del gobierno kirchnerista. Se hablaba de abandono, de falta de inversión, de leyes inservibles y de la necesidad de una respuesta rápida. Hoy, esos mismos dirigentes desde el oficialismo muestran un silencio ensordecedor o, en el mejor de los casos, un pragmatismo que en otro momento hubieran llamado indiferencia criminal.

Medios «adornados» y la cobertura selectiva de los incendios
Pero si el fuego en El Bolsón consumió bosques y hogares, hubo algo que dejó intacto: la desvergüenza de cierto periodismo oficialista. Esos mismos comunicadores que en 2022 lloraban por los incendios en Corrientes hoy miran para otro lado. Prefirieron dedicar minutos y titulares a los incendios en California, total, el humo de El Bolsón no llega a sus estudios de TV ni a sus cuentas bancarias. Apenas alguna mención, un tuit tímido, una nota perdida entre la cobertura del «gran milagro libertario». Lo curioso es que, a estos, los llaman «adornados». Y algunos todavía se preguntan por qué.
El fuego y la política: un patrón que se repite
La Argentina sufre incendios forestales todos los años. Y todos los años ocurre lo mismo: gobiernos que reaccionan tarde, recursos que no llegan, comunidades que se organizan solas y políticos que solo encuentran urgencia cuando están en la oposición. El problema no es nuevo, pero la hipocresía con la que se maneja es cada vez más evidente.
Si la política argentina tuviera la misma velocidad para responder a los incendios que para buscar culpables cuando le conviene, quizás hoy el fuego no sería un espectáculo de la desidia estatal. Pero mientras las llamas sigan sirviendo solo como combustible para el oportunismo político, los bosques seguirán ardiendo y las promesas, como siempre, se consumirán en cenizas.

Que no nos quemen la memoria
Cuando llegue el momento de votar, que no nos vendan más espejitos de colores, ni discursos inflamados que se evaporan al tocar el poder. Guardemos memoria de estos detalles, de la doble vara, del silencio cómplice, de los «adornados». Porque si queremos un cambio real, ese que no se doblegue ante la corrupción ni el relato, elijamos un cambio republicano.
Ricardo Raúl Benedetti
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