
Javier Milei llegó al poder prometiendo libertad, pero lo que estamos viendo es otra cosa: un experimento autoritario disfrazado de «liberalismo» donde la justicia se acomoda a conveniencia, los escándalos financieros se multiplican y la política exterior se maneja según los caprichos de Donald Trump.
Lijo, CoinX y la Justicia a Pedido
El decreto presidencial que designa al juez Ariel Lijo a la Corte Suprema es una jugada que huele a impunidad. ¿Por qué? Sencillo: Lijo es el mismo juez que tiene en sus manos la causa CoinX, el esquema de inversión que estafó a miles de argentinos y en el que Milei aparece más que salpicado. Si este nombramiento no es un blindaje judicial en tiempo real, ¿qué es?
Pero hay más. No se trata solo de una maniobra local. Este movimiento encaja perfectamente en el estilo Milei: acomodar la justicia a medida, asegurarse jueces amigables y garantizar que nada ni nadie lo pueda tocar en el futuro.
El Escándalo de $LIBRA: Más Estafas y Silencios Cómplices
Como si el fraude de CoinX no fuera suficiente, ahora estalla el escándalo de $LIBRA, una criptomoneda con vínculos oscuros que ya está generando caos en los mercados. La falta de regulación, la opacidad y los actores involucrados en este nuevo esquema dejan muchas preguntas sin respuesta. Y, curiosamente, la administración Milei sigue sin pronunciarse al respecto.
En cualquier otro país, un gobierno que se presenta como “anticorrupción” y “pro-mercado” estaría investigando de inmediato. Pero en Argentina, la receta es otra: si el escándalo puede tocar a alguien cercano, mejor mirar para otro lado.
La Traición a Ucrania: Cuando Milei Se Rinde a Trump
Si algo faltaba para cerrar este combo de incoherencias, fue la votación de Argentina en la ONU. Milei, el mismo que se llenaba la boca denunciando a “dictadores asesinos”, decidió abstenerse en la resolución que exigía la retirada de las tropas rusas de Ucrania.
Sí, leíste bien. Argentina, que hasta ayer condenaba a Putin y defendía a Zelenski, ahora le da la espalda a Ucrania con un silencio vergonzoso. ¿Por qué? Porque Trump, su nuevo jefe espiritual, dice que Zelenski es un dictador y que Putin, en realidad, no es tan malo. Y Milei, como buen alumno, no tardó en ajustar su discurso.
Lo más patético es el silencio de los que antes se rasgaban las vestiduras por Ucrania. Los mismos que denunciaban con indignación la masacre rusa, hoy callan o, peor aún, repiten la línea trumpista: que Ucrania es el problema y que Putin es “razonable”.
Basta de excusas, es hora de actuar
Milei no solo está concentrando poder de forma preocupante, sino que lo hace con la complicidad de jueces, financistas y políticos que, en cualquier otro momento, hubieran gritado fraude. El problema no es solo nacional: este giro autoritario ya está teniendo repercusiones internacionales.
Argentina se está quedando sin aliados reales y sin credibilidad en el mundo. El gobierno avanza con su estrategia de blindaje judicial, negocios turbios y una política exterior servil. Pero hay algo que Milei y su entorno no pueden controlar: la reacción de la sociedad.
El tiempo de esperar ya pasó. No podemos seguir tolerando que el poder se maneje como un feudo, que la justicia se reparta entre amigos y que la política exterior se decida en Washington. Es hora de alzar la voz, de exigir transparencia, de marcar límites.
Porque si no lo hacemos ahora, mañana será demasiado tarde.
Ricardo Raúl Benedetti
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