
Lo tengo que decir. Porque si no lo digo, reviento.
Este gobierno – sí, este que juraba libertad, Constitución y sentido común – se está empezando a parecer peligrosamente a lo que decía que venía a destruir. Y lo peor no es el doble discurso. Lo peor es que ya ni lo disimulan. Son más obvios que los espías de Kaos, más torpes que Maxwell Smart sin la 99.
¿Espionaje interno contra los que “erosionan la confianza en los funcionarios”? ¿Quién carajo se creen que son? ¿La reencarnación del triángulo de hierro de los ’70 – Perón, López Rega e Isabelita – en versión libertaria con el Javo, Kari y el mago de Oz? Una casta de poder concentrado que se mira al espejo y se cree el Estado.
A ver, compañeros mileistas:
¿De verdad piensan quedarse para siempre?
¿Como tantos otros delirantes endogámicos que terminaron mal, llorando en cadena nacional, con la república rota y la historia masticándolos sin anestesia? ¿En serio creen que pueden controlar la opinión pública con carpetazos, amenazas y hackers tercerizados?
Les digo algo que todos sabemos:
El que se cree eterno en el poder, termina haciendo zapping entre causas judiciales y recuerdos tristes. A lo sumo con fueros en el Senado hasta que muera de viejo, como Menem.
El mismo apellido que hoy maneja el Congreso y los armados provinciales del oficialismo,
agarrado del saco violeta como quien hereda una franquicia. Porque acá la conveniencia también se transmite por sangre.
No aprendieron nada. O peor: aprendieron lo peor.
Alconada Mon, uno de los periodistas mejor informados del país, denuncia que lo quisieron hackear. Que lo amenazan. Y mientras tanto, el gobierno lo niega todo, como si estuviéramos en una novela berreta de intriga política escrita por guionistas sin calle ni vergüenza.
El Plan de Inteligencia Nacional habla de “neutralizar manipulaciones” y “prevenir erosiones de confianza”. ¿Perdón? ¿Desde cuándo criticar a un gobierno es un acto a “neutralizar”? ¿Desde cuándo la libertad de expresión es un enemigo a vigilar?
Y no, no es la primera vez. Esto ya lo vivimos.
Se llamó Proyecto X.
¿Te suena? El kirchnerismo de Cristina – sí, esa a la que Milei hoy le dice “quedate tranquila” –
espiando a militantes, docentes, periodistas y opositores.
Y ahora… ¿nos venís a decir que esto es distinto?
¿A vos te sorprende? A mí ni un poco. Tienen la misma genética. El mismo ADN autoritario, aunque se peleen por Twitter. Son primos hermanos en el arte de disfrazar el control con palabras fuertes y libertarias.
Los de antes lo hacían “por la patria”. Estos lo hacen “por la libertad”. Pero el que termina espiado, siempre es el mismo: vos, que pensás distinto al gobierno.

Y ahí están también los falsos republicanos.
Los que hace diez años se rasgaban las vestiduras por el Proyecto X. Los que presentaban denuncias de persecución en el Congreso,
escribían columnas de indignación, marchaban con nosotros en “Argentina Sin Mordaza” en contra de la ley de medios K, y juraban nunca tolerar un Estado espía.
Hoy están calladitos, sentados en sus cargos,
comiéndose el batracio violeta con cuchillo y tenedor, acompañado con ensalada de papa y huevo.
Porque claro, los compraron barato. O se fueron regalados, como bien dijo Sebastián Pareja.
Un ministerio, una banca entregada al bloque de Milei, una presidencia de comisión, una promesa en Provincia, una embajada sin vuelo, una subsecretaría sin firma…
Vendieron la dignidad por migajas de poder.
Y ahora miran para otro lado mientras se repiten,
casi calcadas, las mismas prácticas que denunciaban. No son aliados. Son cómplices de pollera y de corbata. Y la historia los va a anotar del lado de los serviles. Nunca del lado de los valientes.
¿Y sabés qué es lo peor? Que mientras vos y yo hablamos de esto, hay una fila larga de traidores mediáticos sin votos, con el overol violeta ya planchado, esperando que los llamen. Como si no vieran lo que se viene. Como si no entendieran que quien llega espiando, termina mal. Y que cuando le das las llaves del sótano a los espías, tarde o temprano te encierran a vos también.
Frases para tatuarte en el alma. O en la frente, si hace falta:
- “Un gobierno que espía a políticos y periodistas no defiende la libertad: la aniquila.”
- “El que quiere controlar lo que decimos, sabe que estamos diciendo la verdad.”
- “La confianza no se protege con espías, se gana con hechos.”
- “Los que hoy aplauden la vigilancia, mañana la van a sufrir en silencio.”
Y esto no es solo para el gobierno. Es para vos también. Sí, vos, que estás tanteando el salto al partido de moda. Vos, que creés que pasarte de bando te va a salvar. Vos, que sabés todo esto, te callás la boca… y te hacés bien el boludo.
Despertate. Hoy persiguen a otro. Mañana seguro es a vos. Esto no es solo política. Es la frontera entre la república y la miseria moral.
Esto fue SAP.
Periodismo Sin Aplausos.
Pero con la verdad como piña en la cara.
Y si te duele…
es porque ya la venías necesitando.
Ricardo Raúl Benedetti
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