
Hay escrituras que no figuran en los discursos. Evangelios sin tapa, sin firma y sin redención. Textos que no se recitan en los actos, pero se ejecutan en la sombra con precisión quirúrgica. Este es uno de ellos. El Evangelio según Milei. El que no aparece en los vivos de streaming, pero se graba a fuego en los que cruzan la puerta sin vuelta. El que los conversos no conocen y los traidores descubren… cuando ya no pueden volver.
“Roma no paga traidores”, escribió el León. Y no fue metáfora. Fue sentencia.

A vos te hablo. Sí, a vos, que venís masticando la huida con olor a traición como si fuera estrategia, como si saltar de partido fuera un acto de audacia y no de cobardía con disfraz de patriota. A vos, que ya estás pidiendo en línea pintura violeta como quien elige disfraz para la próxima fiesta de salvación personal. Creés que cruzarte de vereda te hace libertario. No, flaco. Te hace ex. Ex PRO. Ex radical. Ex peronista. Ex lo que sea. Y en política, ser ex… es casi como ser ex humano.

¿Pensás que te van a recibir con fanfarria? ¿Con alfombra roja y diploma de conversión? No entendiste nada. Te van a retuitear el salto, sí. Te van a usar como ejemplo un rato, claro. Y después te van a archivar en la repisa de los descartables, junto a los otros conversos de ocasión, al fondo de la fila, papá. Atrás del pibe que ondeaba una bandera Gadsden en 2021 mientras vos firmabas acuerdos con olor a naftalina.
Porque el mileísmo no te quiere a vos. Te quiere renunciando. Te quiere quebrado. Te quiere escupiendo el plato que te dio de comer, con la valija llena de pasado y la lengua suelta. Pero una vez que diste el show… ya está. Fuiste. Sos el traidor. Y en política, el traidor es útil… pero jamás confiable. Sirve para la guerra, jamás para el gobierno. Sirve para dinamitar puentes, nunca para construir poder.
Vos pensabas que te colabas en la revolución… pero entraste a la trampa. Y cuando llegue la hora de la rosca en serio – la de los cargos, las lapiceras, los lugares – vas a ver cómo reparten entre los suyos y a vos te dejan afuera, con tu traje nuevo y tu alma hipotecada. Porque el que traiciona para entrar, también puede ser traicionado para salir. Y eso lo saben todos. Hasta vos, aunque no lo quieras admitir.
Así que tatuátelo donde más te duela. No lo digo yo. Lo dice el Evangelio según Milei.
El que no se predica, pero se aplica.
El que niegan con la boca, pero cumplen con la lapicera.
El que rige cada pase, cada conversión, cada cadáver político que dejan en el camino.
Esto no es perdón. No es borrón y cuenta nueva. La tábula rasa que te vendieron no es una nueva oportunidad. Es una picadora de pasado. No te limpia: te deja desnudo. Te arranca la historia, te obliga a escupir tu ADN político, y te convierte en un huérfano útil. Solo servís para mostrar que hasta los tuyos te soltaron. Después… no servís ni para eso.
La traición es irreversible. Y el que cambia de bandera no cambia de causa: queda sin ninguna. Sirve un rato para el espectáculo. Después, es descarte. Te hicimos creer que saltar era avanzar, pero era caer. Te dimos micrófono, no voz. Te dimos palco, no poder. Y cuando termina el show, te cortamos la luz. Y te quedás solo. Con tu disfraz nuevo y la conciencia en rebajas.
Este es el Evangelio según Milei. El verdadero. El que no se imprime, pero se ejecuta.
Y tiene una sola liturgia: exprimir, quemar y descartar.
Milei no paga traidores. Los usa. Los exprime. Los quema. Y los deja afuera.
Solos y sin patria.
Esto fue SAP. Sin aplausos. Con la verdad como piedra.
Y si te dolió… es porque ya te estaba buscando.
Ricardo Raúl Benedetti
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