
Siembra vientos, Milei, y no te sorprendas cuando la tempestad no pida permiso para entrar.
No lo digo yo. Lo murmura la calle en voz baja, como quien no quiere la cosa, pero con la certeza del que ya entendió todo. Hoy te lo escupieron en la cara en Oberá, con yerba en el aire, sudor en la frente y la bronca tibia de los que cortan hoja por hoja esperando que el “mercado” baje del cielo.
Escuchá bien: esto no es un reclamo. Es una advertencia disfrazada de decálogo. No para vos, claro. Vos ya elegiste no escuchar. Es para los que todavía creen que se puede ser libre sin arrodillarse, que se puede disentir sin pedir permiso. Porque la motosierra no corta verdades: las deja expuestas.
Basta de demonizar al débil.
A los jubilados que te votaron no les devolviste libertad: les vaciaste el changuito. Les decís “meados” mientras les drenás la dignidad. Pero ojo: los viejos tienen memoria, y una memoria ofendida es más precisa que mil encuestas. ¿Creés que no entienden? Subestimarlos fue tu primer error.
Dejá de burlarte del dolor.
Te hacés el sordo cuando tus bufones escupen “mogólicos” y se rien de los que no pueden defenderse. Lo tuyo no es libertad de expresión, es sadismo con micrófono. Y el pueblo, incluso el que calla, lo registra. El que sufre no se organiza… hasta que un día lo hace.
La clase media no es tu enemigo.
Tu épica de ajuste es un tango desafinado que ya nadie quiere bailar. Te aplauden desde Puerto Madero mientras el almacenero de Villa Lynch tira la mercadería vencida que no vende entre puteadas. La clase media es ese extraño animal que paga todo y no cobra nada. Cuidado con tocarle el orgullo: ahí sí que no hay redención posible.
El sistema de salud no es un kiosco.
Privatizar el Garrahan no es una idea disruptiva. Es directamente una amenaza a mano armada contra miles de familias. Cuando un padre no puede curar a su hijo, no debate: actúa. El que juega con la desesperación ajena no encuentra piedad cuando se revierte el tablero.
La educación pública no es una ONG de zurdos.
Tu cruzada contra las universidades es tan berreta como tus argumentos. ¿Vagos? ¿Adoctrinados? No. Son los que mañana te van a operar del corazón o diseñar el próximo satélite. Y no te van a preguntar a quién votaste. Vos sí, Milei. Vos querés preguntar todo. Pero al futuro no se lo interroga: se lo construye.
Los periodistas no son tu espejo roto.
Cada tuit que dispara tu jauría, cada palo a un fotógrafo, cada amenaza a un cronista, es otra piedra en tu propio tejado. Vos que hablás de libertad como si la hubieras inventado, no tolerás ni una pregunta incómoda. No confundas militancia con periodismo. Acá no venimos a gustarte: venimos a contarte.
La Justicia no es un souvenir.
Meter a Lijo en la Corte no era audacia: era autogol. Y aún así, insistís. Querés jueces leales, no justos. Quieren blindarte, pero terminan exponiéndote. Un dato que quizás no tenés a mano: los regímenes caen más por los tribunales que por las balas.
La violencia que sembrás, vuelve.
Te tiraron yerba, sí. No fue odio, fue hambre. Hambre de respeto, de reglas claras, de precios justos. El DNU 70/23 fue una declaración de guerra a la producción. Vos sembraste “libertad de mercado”, pero los chacareros te devuelven números en rojo. Y la economía real, esa que no aparece en los likes, ya te soltó la mano.
La república no es tu red social.
No se gobierna a golpe de tweet ni a fuerza de sarcasmo. El país no es una story con filtros libertarios. El poder real es silencioso, incómodo, ingrato. Pero vos elegiste el show, y ahora te miran como se mira a un influencer que ya no garpa. Cuidado con eso. El algoritmo también cansa.
El pueblo no es tu saco de arena.
Esto no es un lamento, es un pronóstico. No lo escribo con odio, lo escribo con bisturí. La Argentina es paciente, pero no eterna. Cada plaza, cada cacerola, cada grito en Oberá es una alerta sorda. No para vos: vos ya no escuchás. Es para los que aún creen que el silencio no debe ser cómplice.
No es un llamado a la violencia. Es un llamado a la memoria.
No pedimos revancha, pedimos respeto.
No buscamos castigo, buscamos justicia.
Y si no entendés el código, Milei, te lo traduzco en idioma simple:
La verdadera revolución no necesita motosierras. Solo necesita que la verdad se levante. Y cuando asoma, no hay tirano que la aguante.
Esto fue Periodismo Sin Aplausos. Porque a la libertad no se la aplaude. Se la defiende.
Ricardo Raúl Benedetti
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BUENOS DIAS, SOY RICARDO HUARTE, PERIODISTA DEL P´ROGRAMA SIN FRONTERAS. http://www.fmcosmos.net.ar SERÁ POSIBLE COMUNICASRME CON RICARDO BENEDETTI? DEJO MI NUMERO TELEFONICO YT DE WHATSAPP A ESOS EFECTOS. 2994209610 GRACIAS TOTALES.
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