Día del Padre en la República Fragmentada: ¿Qué país les estoy dejando a mis hijos? – Por Ricardo Raúl Benedetti

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Hoy, justo hoy, mientras el país mastica abrazos, silencios y nostalgias por el Día del Padre, una pregunta me cala los huesos: ¿qué país les estoy dejando a mis hijos? Tengo cuatro, de 25, 20, 15 y 13 años. Los vi crecer entre crisis y elecciones, entre promesas que se llevó el viento y repúblicas atadas con alambre. ¿Qué heredarán ellos, más allá de mis errores y aciertos? ¿Una Argentina rota por la bronca o un país que al menos intentó encontrarse?

Imaginemos un instante en que Argentina respira como un solo corazón, no porque todos cantemos la misma canción, sino porque compartimos un sueño que nos trasciende. Un país donde las manos se entrelazan para construir, donde las leyes son el abrazo que nos contiene, donde la Constitución es la brújula que guía nuestro rumbo. Ese sueño de unidad, esa danza de voluntades que respeta las reglas, es el faro que podría iluminar nuestro destino. Pero, bajo el liderazgo de Javier Milei, ese faro titila, opacado por vientos de discordia que él mismo aviva. Te invito a pensar conmigo, en un susurro íntimo que busca el alma de nuestra nación, sobre por qué este anhelo se desvanece, qué podríamos lograr si nos uniéramos, y por qué, aunque nos hayan arrancado tanto, debemos seguir peleando por esa unidad.

El poder de la unidad: un lienzo para pintar nuestro futuro

Hay naciones que, como constelaciones en la noche, brillan porque sus ciudadanos se alinean en causas comunes. Noruega, con su fondo soberano de 1,4 billones de dólares, forjado en la gestión transparente de sus recursos petroleros, asegura prosperidad para generaciones. Corea del Sur, desde las cenizas de la guerra, se unió en torno a la educación y la innovación, convirtiéndose en una potencia tecnológica en medio siglo. Islandia, tras la crisis de 2008, reunió a su pueblo para reescribir su Constitución, un acto de fe colectiva en las instituciones. Estos países no son monolíticos; tienen fracturas, pero encontraron un hilo conductor: el respeto por las leyes, la confianza en las reglas, el compromiso con el bien común.

Imaginemos una Argentina así. Un país donde la Constitución no sea un papel olvidado, sino el pacto sagrado que nos une. Milei presume de corregir nuestra economía, y los números lo respaldan en parte: la inflación mensual cayó del 25% al 1,5% en 2025, y la pobreza bajó del 57,4% al 38,1% en 2024, según INDEC. Pero lo hace con una soberbia que nos hiere, insultándonos como “ñoños republicanos” o “pelotudos” en Radio Mitre (mayo de 2025), haciéndonos sentir que no tuvimos nada que ver con ese sacrificio colectivo, y dejando atrás a los más vulnerables, como veremos. Podríamos construir escuelas que despierten mentes, hospitales que devuelvan esperanzas, rutas seguras que no cobren vidas por su abandono. Podríamos ser una nación donde el mérito florezca, donde los jubilados vivan con dignidad y los niños sueñen sin miedo. Pero la unidad no nace del odio, ni de los gritos. No hay familia que prospere cuando sus miembros se hieren. Pensá en el hijo que dejó de hablarle al padre por un agravio nunca sanado, o en la madre que, con su silencio, dejó que la herida creciera. Esa fractura íntima, ese dolor que nadie nombra, es el espejo de nuestra gran familia nacional. Sin respeto, sin diálogo, no hay futuro que resista.

Milei: el arquitecto de la fractura

Milei es un torbellino. Su “¡Viva la libertad, carajo!” encendió a millones hartos de la casta. Sus logros macroeconómicos son innegables en ciertos círculos: un superávit fiscal en 2024 tras 12 años, una proyección de crecimiento del PBI del 5,5% para 2025 (BBVA Research), un acuerdo con el FMI por 20 mil millones de dólares, y el respaldo de Scott Bessent, del Tesoro de EE.UU., en 2025. Pero, querido lectores, ¿de qué sirve un número si se cae la gente? No es victoria cuando los jubilados ven sus ingresos pulverizados, la clase media se desmorona, los hospitales se vacían por recortes, los niños pierden acceso a educación, y las rutas en mal estado cobran más vidas con un aumento del 15% en accidentes fatales en 2024, según el Ministerio de Transporte. Nadie merece ser irrespetado por sacrificarse, directa o indirectamente, para que el país avance. La unidad no se construye sobre el dolor de los más vulnerables, ni celebrando una supuesta victoria sobre otros argentinos que también se rompen el alma. Ese irrespeto, como los insultos de Milei, divide, agranda las grietas, y nos aleja de ser la familia nacional que podríamos ser.

Milei no buscó la unidad. En 2023, lo dijo en TN: “No vine a unir a los argentinos, vine a despertarlos”. Su retórica, cargada de desprecio, no invita al diálogo; lo dinamita. En Radio Mitre (mayo de 2025), llamó “pelotudos de los ñoños republicanos” a quienes defendemos la institucionalidad, burlándose de los que pedimos respeto por la Constitución. En LN+ (2025), ridiculizó los cuestionamientos a sus nombramientos en la Corte Suprema: “Cada cosa que no les gusta dicen que es inconstitucional”. Nelson Castro, médico y periodista, le diagnosticó Síndrome de Hubris, una arrogancia que ciega. Nora Merlin, psicoanalista, y Oscar Mangione, también psicoanalista, ven “fragilidad psíquica” y “agresividad defensiva” en sus exabruptos, como cuando gesticula burlonamente o insulta a opositores.

Su infancia lo explica, pero no lo justifica. En 2018, a Luis Novaresio, contó que fue golpeado por su padre y acosado en la escuela: “Todos esos maltratos hicieron que hoy no le tenga miedo a nada”. Esa resiliencia lo hizo fuerte, pero también desconfiado, aislado, dependiente de su hermana Karina, “El Jefe”. Gabriel Michi, periodista, lo describió como un líder sin amistades cercanas, que excluye a quienes no son leales al 100%. La política, como la vida, es la infancia no resuelta puesta al mando. Quien no sanó sus traumas los proyecta desde el atril presidencial, en cada decreto, en cada insulto, en cada enemigo imaginario. Es como el padre que, herido por su pasado, grita en la mesa familiar, y la cena termina en silencio y resentimiento. ¿Cómo unir un país si el líder no aprendió a confiar ni en su sombra?

Ficha Limpia: el espejo de la hipocresía

Ficha Limpia era una bandera que podía unirnos. Impedir que condenados por corrupción se postulen era un anhelo republicano, una causa para sanar la confianza en la política. Milei firmó el proyecto en enero de 2025, antes de Davos, y celebró su media sanción en Diputados (144 a favor, 98 en contra, febrero de 2025). Pero en el Senado, la ley cayó por un voto (36 a favor, 35 en contra, mayo de 2025). ¿Por qué? Porque el gobierno, en la sombra, trabajó para que fracasara.

Según La Nación (10 de mayo de 2025), algunos libertarios justificaron su oposición con una filosofía de “libertad de elegir”: “El pueblo decide a quién votar, no el Estado”. Pero Infobae (9 de mayo de 2025) reveló que Karina Milei y Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, negociaron con el Frente Renovador de Misiones, liderado por Carlos Rovira, para bloquear la sesión. Los senadores misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut cambiaron su voto a último momento, tras recibir fondos discrecionales del gobierno, según denuncias de Margarita Stolbizer: “Fue demasiado obvio” (Clarín, 8 de mayo de 2025). Además, la ausencia de senadores clave de La Libertad Avanza, como Bruno Olivera, fue interpretada como una maniobra deliberada para evitar el quórum, según fuentes legislativas citadas por Perfil (11 de mayo de 2025).

Milei, en el Latam Economic Forum (9 de mayo de 2025), desvió la culpa al PRO: “Fue una operación mediática teñida de amarillo. Me decepciona la diputada Lospennato, que quiso usarlo para su campaña”. Pero su estrategia permitió que figuras como Cristina Kirchner, cuya condena por corrupción fue ratificada por la Corte Suprema, mantuvieran influencia política hasta el final. Esta hipocresía no es un logro; es una traición a los ciudadanos que creemos en la transparencia. Es como el padre que promete limpiar la casa familiar, pero en secreto rompe las cañerías para quedar bien con otros. ¿Cómo unirnos cuando el líder sabotea lo que nos une?

El costo humano de los “logros”

Los logros económicos de Milei tienen un costo humano que no podemos ignorar. La pobreza bajó del 57,4% al 38,1% en 2024 (INDEC), pero 11,3 millones siguen en la miseria, con 2,5 millones en indigencia. Los jubilados no cubren la canasta básica ($268.012 por persona, INDEC). Programas para víctimas de violencia de género fueron recortados hasta un 100% (Human Rights Watch, 2024). Las rutas abandonadas, tras la suspensión de obras públicas, aumentaron los accidentes fatales un 15% (Ministerio de Transporte, 2024). La salud pública, fragmentada, vio un aumento en emergencias de salud mental infantil (UCA, 2025). Como relató Jorge Silvero desde Tapiales a Reuters (2025): “Nunca vi tanta gente hurgando en la basura”.

No es un logro si se construye sobre el hambre. No es una victoria cuando los vulnerables pagan el precio, cuando la clase media se deshace, cuando los niños pierden futuro. Y nadie merece ser irrespetado por sacrificarse para que el país avance. Llamar “ñoños republicanos” a quienes defendemos la ley, como hizo Milei en Radio Mitre (2025), es un insulto que divide, no une. Es como el adulto que se ríe del hijo que llora. No deja país; deja trauma. La gran familia nacional no prospera así, como no prospera un hogar donde los gritos reemplazan al diálogo.

El país que podríamos ser

Cierro los ojos y veo una Argentina donde la Constitución es nuestro norte, donde la pobreza no es herencia, ni la desigualdad destino. Un país donde los chicos lean bajo la luz de la esperanza, donde los jubilados caminen con dignidad, donde las rutas no sean tumbas. Podríamos ser Singapur, si confiáramos entre nosotros, si premiáramos el esfuerzo, si castigáramos al corrupto, si la ley no fuera un obstáculo sino un lazo. Ese país no es una quimera; es un lienzo que espera nuestras manos.

Milei tenía el carisma. Sus 420 millones de vistas con Tucker Carlson en 2023 y sus actos multitudinarios en La Plata mostraban su potencial. Pero eligió el desprecio. Su “no me importan sus sentimientos, soy bilardista” (Expo EFI, 2025), su sabotaje a Ficha Limpia, su burla a los “ñoños republicanos” es un desprecio a vos, a mí, a mis hijos, a los tuyos. A los que queremos un país donde la verdad no se pisotee, donde el poder no se herede como trauma.

Un juramento al futuro

Pero el sueño no muere. No depende solo de un presidente; vive en nosotros. En vos, que defendés la Constitución con orgullo. En mí, que quiero que mis cuatro hijos no hereden nuestras derrotas, sino nuestro coraje. Somos los “ñoños republicanos” que Milei ridiculiza, pero somos los que nos levantamos temprano, pagamos impuestos, educamos, curamos, soñamos. Somos los que no gritamos para imponer, sino que argumentamos para construir.

Que este Día del Padre no sea solo una fecha. Que sea una promesa silenciosa, un juramento al futuro. Que nuestros hijos, cuando miren atrás, vean que intentamos sanar lo que otros rompieron. Que el eco de nuestras voces, unidas, resuene por generaciones: “Somos libres, seámoslo siempre.” Pero seámoslo en una Argentina unida, respetuosa de la ley y la Constitución, no con unos como vencedores y otros como vencidos, sino como iguales, como hijos de una misma tierra que ya sufrió demasiado.

Esto es Periodismo Sin Aplausos. Porque el amor por la República también se hereda.

Por Ricardo Raúl Benedetti

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