
El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, sería, si decidiera presentarse, un excelente candidato presidencial que representaría a esa franja de votantes, probablemente mayoritaria, que acompaña a la distancia el rumbo transformador iniciado por el gobierno de Javier Milei, pero tiene grandes diferencias con los métodos, las formas y los enfoques que el presidente aplica. Frigerio podría representar apropiadamente una especie de “cambio de mando” pero sosteniendo el rumbo principal.
Frigerio no ha hecho manifestación alguna de que vaya a presentar su candidatura presidencial. Más aun, recientemente ha dejado trascender, a través de una foto, que se mantiene cercano al gobierno de Milei -se reunió con la señorita Karina, que tiene a su cargo las gestiones políticas del oficialismo- y que su propósito sería presentar su candidatura a la reelección como gobernador. Pero para las elecciones falta mucho tiempo y las actuales conversaciones son solo tanteos previos que no implican definición alguna.
¿Por qué este comentarista afirma que Frigerio sería un muy buen candidato? Mencionaremos solo algunas de las razones en las que esa consideración se sustenta.
En primer lugar, Frigerio tiene una amplísima experiencia política. Viene de una herencia familiar que se remonta a su abuelo, hombre muy cercano al ex presidente Arturo Frondizi, pasó por su padre, Octavio y él mismo continuó con cargos muy diversos en diferentes gobiernos desde los años ’90 en adelante. También, durante períodos en los que no fue funcionario, trabajó como consultor privado. En todos estos ámbitos, siempre tuvo relación con las gestiones provinciales y adquirió un marcado sesgo federalista en su desempeño.
En segundo término, en toda su trayectoria se ha desenvuelto con eficacia, sin pasar desapercibido pero sin incurrir en desmesuras o excentricidades, manteniendo un perfil de sobriedad, buen trato y disposición al diálogo, algo que en la Argentina de los últimos años ha escaseado, excepto durante el gobierno de Mauricio Macri. Frigerio transmite una imagen de solidez y determinación pero no exenta de cordialidad y flexibilidad, que permite procesar las diferencias típicas de la política en buenos términos, aunque sin descartar la dureza si fuera necesaria cuando los interlocutores se muestren irreductibles.
Como tercer argumento, cabe mencionar que Frigerio es un hombre que comprende los fundamentos de la economía, es partidario del incentivo a la iniciativa privada, cree en los principios de la economía de mercado y del sistema capitalista, pero también es capaz de apreciar eventuales circunstancias específicas donde una moderada y cuidadosa regulación estatal pueda evitar desbordes que produzcan consecuencias desafortunadas. Frigerio entiende la idea de que el libre mercado es el mejor método pero también puede percibir la necesidad de algún límite en casos determinados por razones particulares de esa situación. No está atado a dogmatismos ni a una escuela económica en especial. Puede ser ecléctico si las circunstancias lo requieren.
En cuarto orden, se puede decir que el perfil de Frigerio, firme pero flexible, tiene el mérito de que resulta apropiado para generar adhesiones muy variadas, que dejan al margen al kirchnerismo pero abren el juego a sectores muy amplios del espectro político, tales como el macrismo, el radicalismo, fuerzas federales y, aunque no en primera instancia sí en un eventual ballotage, a grupos usualmente antagónicos entre sí como los libertarios seguidores de Milei y, por el otro lado, a republicanos progresistas de matriz socialdemócrata o a peronistas no K. Frigerio tiene un modo de proceder políticamente que le permitiría arbitrar y achicar las diferencias que seguramente puedan surgir entre estas distintas corrientes políticas, lo cual permitiría armonizar una gestión de gobierno que seguramente necesitaría de apoyos muy variados para sostenerse contra los intentos del kirchnerismo y la izquierda por restablecer el populismo.
Seguramente se podría, en una profundización del análisis, aportar más argumentos para sostener una eventual candidatura presidencial de Frigerio. Pero, dado que esta posibilidad es, por ahora, solo una hipótesis, conviene limitar el tratamiento del asunto a estos pocos ítems para no avanzar más de lo prudente. Pero sí resulta interesante posar el foco en la figura de Frigerio porque, en este momento de incertidumbre respecto del futuro de nuestro país, quizá tengamos en el gobernador de Entre Ríos alguien que pueda liderar la próxima etapa del programa reformista que Milei ha iniciado pero no demuestra estar en condiciones de darle la continuidad que es necesaria para que lleguen los resultados esperados.
Alejandro Sala
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