
Santiago Oroz
El Gobierno muestra una pulsión contraria a la esencia del liberalismo; Mahiques está armando un Poder Judicial completo; la reacción de Santiago Caputo y la visita de Leonardo Scaturicce
La esencia del liberalismo es la sacralización de la autonomía personal. Ese respeto no es irrestricto porque los individuos deben ceder parte de su libertad con el propósito de construir una organización que gestione la vida en común. Esa organización se llama Estado. Para evitar que esa entidad se vuelva, avasallante, contra quienes le otorgan esa capacidad, se establecen dos instituciones que, para cumplir su misión, deben ser independientes. La Justicia y la prensa.
Esta es la razón por la cual todo intento de concentración de poder en las manos de un caudillo está obligado a, tarde o temprano, entrar en conflicto con el Poder Judicial y con el periodismo. Esa pulsión por romper los límites está en la esencia del populismo. Si se trata, en lo económico, de un populismo estatista o de un populismo privatista, es anecdótico. Todas las variantes convergen en la misma tentación autoritaria.
Javier Milei está pisando la arena de esa contradicción. La demostración más reciente fue la escena montada ayer en la Cámara de Diputados para respaldar al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, que está siendo investigado por enriquecimiento ilícito. Milei llevó al recinto a todo su gabinete y se comportó como el jefe de una barra que desafía el trabajo de jueces y fiscales y también el trabajo de la prensa. No debería sorprender este enfrentamiento. Como ha sostenido infinidad de veces Santiago Caputo, en las redes sociales, el oficialismo no se ve a sí mismo como un movimiento liberal. Es cierto, ya que a lo primero que renuncia es al pluralismo. Sus dirigentes no conciben la política como un intercambio entre sectores con distintos puntos de vista, sino como un campo en el que se enfrentan amigos y enemigos. Milei expresa todos los días esta mentalidad. Para él quien opina distinto expone una inferioridad intelectual o una perversión moral. Sólo por esas deficiencias se pueden poner en duda sus creencias, que son de una veracidad evidente. Advertir este estilo puede entrañar alguna dificultad por un detalle engañoso: la de Milei es una propensión autoritaria que se despliega bajo el slogan “viva la libertad, carajo”, que es la consigna de un partido que se llama La Libertad Avanza.
Ayer el Presidente realizó un ejercicio práctico de esa concepción. Cuando los periodistas le preguntaron por qué defendía a Adorni, los trató de “corruptos”. Y cuando le pidieron una opinión sobre los argumentos del jefe de Gabinete les gritó, exaltadísimo, “chorros”. Estas agresiones comienzan a modelar la caracterización de Milei, como líder, fuera del país. Un desafío para el entusiasta Pablo Quirno. Sin ir más lejos, el lunes pasado, en la celebración del cumpleaños del rey Guillermo Alejandro de los Países Bajos, el embajador Mauritz Verheijden hizo una defensa de la libertad de prensa. Quedó claro a qué se refería. A propósito de la relación con los Países Bajos: el Gobierno todavía no designó un representante en Ámsterdam, a pesar de que la reina, Máxima, es argentina. A propósito del mundo diplomático: ¿cuál es el criterio del oficialismo para la aprobación de los ascensos del personal de Cancillería? En el Senado se rechazan muchos de profesionales que simpatizaban con Cambiemos. Y se convalidan los de filo-kirchneristas.
La defensa incondicional de Adorni es una manifestación de este modo de entender la vida pública. En principio, Milei y su hermana Karina cultivan una lógica cruda de poder que podría inspirarse en un apotegma de Néstor Kirchner: “A mis boludos no me los mata nadie. Los mato yo”. Es el reflejo primario de todo gobierno expuesto a la inquisición judicial o periodística: “No le vamos a entregar la cabeza de uno de los nuestros al enemigo”. Obsérvese: la Justicia o la prensa son dos contrapoderes en la Constitución pero, cuando ese sistema se pone en funcionamiento, pasan a ser “el enemigo”.
La señorita Milei y sus colaboradores inmediatos están convencidos de que el principal pecado de Adorni ha sido la torpeza. A favor de este diagnóstico se esgrimen los montos en juego. “¿Cuánto puede haber acumulado? ¿Cien lucas? Monedas”, explica alguien de ese entorno, casi con desprecio. De esta tasación se desprende un dictamen: no es que se lo quiera juzgar por lo que hizo; Adorni es la víctima individual de una conspiración orquestada para dañar al oficialismo. En ese complot confluyen periodistas estimulados por algún agente maligno y los funcionarios judiciales. La diputada Lilia Lemoine incluyó en esas maquinaciones a Patricia Bullrich. ¿Está segura Lemoine de que ayuda a su jefe Milei hostigando a la figura mejor considerada en las encuestas de todo el elenco nacional? Desde hace más de un mes Bullrich volvió a conversar con Mauricio Macri. Blanquearon ese diálogo en la comida de la Fundación Libertad.

Santiago Oróz
La teoría de la conspiración es imperfecta. Porque el magistrado que tiene al jefe de Gabinete bajo la lupa es el fiscal Gerardo Pollicita, amigo del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques. El juez es nada menos que Ariel Lijo, cubierto de elogios por Milei cuando se lo promovía para cubrir una de las vacantes de la Corte. Son ironías. Comodoro Py es un club transaccional. No sabe de lealtades.
En la defensa del jefe de Gabinete hay una pretensión bastante obvia: en la medida en que lo siga siendo, su destino judicial podría ser más leve. De hecho, los testigos van declarando a favor del investigado casi sin fisuras. Como sentenció el filósofo Yabrán: “¿Qué es el poder? Impunidad”.
Fuera del Gobierno, el blindaje de Adorni estimula conjeturas inquietantes. ¿De dónde sacó la plata el jefe de Gabinete? ¿Será que en el Gobierno se pagan sobresueldos? ¿Quién los paga? ¿El Estado o empresarios amigos, tal vez a través de alguna fundación? ¿Están protegiendo a Adorni o están protegiendo un modo de remuneración generalizado? El interrogatorio supone, hasta aquí, algún cinismo. ¿Alguien puede creer que un funcionario de alto rango puede vivir con 4 millones de pesos al mes? Después está el problema de las manualidades del jefe de Gabinete. La impericia para moverse dentro de la casta.
El caso Adorni revela también que el cosmos de Milei carece de leyes generales. Al jefe de Gabinete se lo defiende, pero al exsecretario de Infraestructura, Carlos Frugoni, se lo arrojó fuera del palacio. ¿El pecado? Muy parecido: no haber declarado siete propiedades y dos sociedades comerciales en los Estados Unidos. El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, pidió la renuncia de Frugoni apenas se conoció esa parte de su patrimonio. Hizo bien. Mantener al funcionario hubiera significado habilitar una arqueología inconveniente. Se hubiera hablado de su controvertido paso por la administración de las autopistas porteñas, siempre bajo el mando político de Nicolás Caputo, “hermano de la vida” de Mauricio Macri y primo hermano de la sangre del ministro. Habrían quedado de nuevo en evidencia las fabulosas ventajas obtenidas por un hijo de “Nicky” por las pródigas concesiones de Frugoni. “Toto” fue astuto al alejarlo. Muy trabajoso explicar esa trayectoria. Y esa designación. No ante el periodismo. Ante Milei.
Una explicación posible para el doble estándar aplicado con Adorni y con Frugoni es que no había duda alguna sobre las propiedades no declaradas del exsecretario. Este argumento habilita otra comparación: ¿Y a Andrés Vázquez, el titular de ARCA, por qué se lo defiende? De Vázquez llaman la atención dos curiosidades. Una es que, según investiga la Justicia, tenga propiedades no declaradas, tratándose del responsable de la entidad recaudadora. La otra es que alguien tan experimentado no sepa ocultar sus bienes. Es verdad, esta última podría ser la sarcástica coartada de Vázquez para decir que actuó de buena fe.
La peripecia del jefe de ARCA presenta otras peculiaridades. Por ejemplo, la encendida reivindicación que le dedicó el “Mago del Kremlin” Caputo, quejándose de que Hugo Alconada Mon estaba informando sobre una investigación que, en realidad, ya había concluido. Caputo es el jefe político de Vázquez, quien llegó a ARCA por recomendación del empresario Leonardo Scatturice. Radicado en Miami y con muchas conexiones en el entorno de Donald Trump, Scatturice es el dueño del avión en el que aterrizó en Aeroparque Laura Belén Arrieta con un cargamento de valijas que no fueron revisadas por la Aduana. El juez Pablo Yadarola todavía no pudo determinar con quién se comunicó Arrieta aquel día para evitar esa inspección. Scatturice regresó al país la semana pasada, después de larga ausencia. Se comenta que fue para atender cuestiones familiares. Mantuvo un bajísimo perfil. Sólo se lo vio en Roldán, el restaurante de Daniel Vila y José Luis Manzano, reunido con Manuel Vidal, el cerebro del “Mago” Caputo, y con el vicerrector de la UBA y dirigente radical Emiliano Yacobitti. Dicen que hablaron de banalidades. Pormenores del real estate en los balnearios de Miami. Yacobitti es un fiel amigo de Yadarola. Casualidades.
Lo relevante de la agresiva defensa que Caputo hizo de Vázquez es que la Oficina de Respuesta Oficial de Alconada Mon reaccionó en menos de 24 horas, informando que la causa estaba abierta y que había un pedido de indagatoria del fiscal de Investigaciones Administrativas Sergio Rodríguez que el juez Marcelo Martínez de Giorgi terminó aceptando. ¿Vázquez le ocultó a Caputo el estado de su causa? Nimiedades. El problema es otro. El “Mago” es el autor de la consigna “No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas”. Tal vez si los odiara menos estaría mejor informado. Hay quienes sospechan, sin embargo, que la hiperactividad de Giorgi no es inocente. Que, en realidad, Vázquez soporta el fuego cruzado de la eterna guerra entre el tenebroso Antonio Stiuso y su padrino Scatturice. El juez es, acaso, el magistrado más obediente con que cuenta Stiuso en Tribunales.
La agresividad con que ayer Milei y sus colaboradores reivindicaron a Adorni tuvo un reflejo interno. En las galerías de la Cámara de Diputados y en los alrededores del Congreso solo había militantes identificados con Karina Milei. La legión de tuiteros con la que suele moverse Santiago Caputo estuvo ausente. Otra diferencia entre Adorni y Vázquez.

Soledad Aznarez
En la Cámara de Diputados el “Mago” jugó de visitante. Basta observar las ubicaciones asignadas para comprender el mapa del poder. En el olimpo inalcanzable, es decir, el palco presidencial en el que se instalaron los Milei, se ubicaron Sandra Pettovello, “Toto” Caputo y un ascendido Quirno, colocado a la par de su antiguo jefe. Pettovello y Quirno fueron competidores por la sucesión de Adorni en la jefatura de Gabinete. Anécdotas de la prehistoria, de cuando Adorni aún no era inmortal.
En otro palco se sentaron ministros y secretarios de ambos bandos. Leales a la señorita Milei, como el poderoso “Lule” Menem, Juan Bautista Mahiques, o Alejandra Monteoliva, en compañía de allegados del asesor Caputo como Mario Lugones, María Ibarzábal o Carlos Presti.
A Caputo le impidieron estar con sus amigos. Sobre todo con Presti, de quien Karina pretende separarlo. Fue recluido en un lugar incómodo, con Santilli y Federico Sturzenegger. Le tocó una silla de la tercera fila. Por suerte había alguien con quien hablar: estaba la ecuménica Patricia Bullrich.
El conflicto faccioso que deteriora al núcleo del Gobierno se expresa, sobre todo, en el campo judicial. Caputo fue desterrado del Ministerio de Justicia cuando Milei reemplazó a Mariano Cúneo Libarona por Mahíques. El “Mago” perdió el poder que le proporcionaba su leal Sebastián Amerio como viceministro. Caputo y Amerio tenían a su disposición más de 200 vacantes judiciales por cubrir. Habían empezado esa tarea prometiendo designaciones. Pero las ternas no se definían y los pliegos no llegaban al Senado para el acuerdo respectivo.
La llegada de Mahiques precipitó la operación. Es el proceso político más relevante que ocurre hoy en el país: Mahiques, con la asistencia de su segundo Santiago Viola, que fue el que lo llevó al Ministerio, están armando un Poder Judicial completo. Nunca desde 1983 un ministro de Justicia contó con esta posibilidad. Las piezas se van moviendo al impulso de innumerables intereses.
Hay lugares estratégicos para completar. Uno es la Cámara Penal Federal de la Capital, donde se juzgan los delitos de corrupción pública. El Poder Ejecutivo resolvió desplazar de ese tribunal a los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi. El argumento es que debe cumplirse con un fallo de la Corte que estableció que los magistrados que llegaron a sus posiciones actuales al cabo de un traslado desde otro tribunal, deben ser reemplazados por otros surgidos de un concurso.
La agrupación Será Justicia emitió ayer una declaración denunciando que el reemplazo de Bruglia y Bertuzzi es persecutorio. Una razón principal es que aquel fallo de la Corte sólo se cumple en el caso de ellos dos. Por ejemplo: Carlos Mahiques sigue ocupando un cargo como camarista federal de Casación al que llegó desde una posición similar pero del fuero ordinario. Además, Milei volvió a postularlo en el Senado, donde recibió el acuerdo, para que continúe siendo juez después de cumplir 75 años. Es una excepción de muchísimas otras. Es la más grave: se trata del padre del ministro de Justicia.

Soledad Aznarez
Bruglia y Bertuzzi cometieron un pecado imperdonable. Procesaron al viceministro Viola en la causa que se le siguió por haber fraguado pruebas y estimulado testigos falsos con el fin de desplazar al juez Sebastián Casanello de la investigación de Lázaro Báez. Viola, que hoy es el representante de Milei en el Consejo de la Magistratura, era el abogado de Báez, es decir, del presunto testaferro de los Kirchner.
La pretensión de dominar esa Cámara Federal se expresa también en la negativa de extender la permanencia de Martín Irurzun más allá de los 75 años. Un criterio distinto del seguido con el papá del ministro. Y con Matilde Ballerini, que también llega a la edad jubilatoria. Mahíques ya comunicó a Ballerini que le renovarán el acuerdo para que siga ocupando un cargo en la Sala B de la Cámara Comercial nacional y, sobre todo, para que continúe subrogando otra posición en la Sala C: allí está radicada una causa que inquieta muchísimo a Claudio “Chiqui” Tapia y a Pablo Toviggino, los jerarcas de la AFA. Por lo tanto, inquieta también a Mahiques. Está referida a desvíos multimillonarios de fondos en la organización de partidos amistosos de la Selección.
Para la misma Cámara Mahíques promovió el pliego de un compañero de trabajo: el exprocurador adjunto porteño Jorge Djivaris, quien ranqueó en el lugar número 11 del concurso para camarista, pero saltó al 4º puesto después de la entrevista personal. Fue más fácil, entonces, hacerlo ingresar en la terna. Ballerini y Djivaris convivirán en la Cámara que debe resolver el concurso de la empresa Correo Argentino, que desvela a la familia Macri. Un detalle complicado: Djivaris ya intervino en esa causa en 2016, cuando era secretario de Cámara.
El celo con que Mahiques intenta reparar a Tapia y Toviggino, a quien llama “Tovi”, de sus desventuras judiciales, parece más intenso que el que aplica para aliviar el calvario de Adorni y los Milei. Uno de los desafíos de los dos dirigentes investigados es que se acepte un cambio de domicilio para la AFA. Pretenden que pase a una jurisdicción más amigable: Pilar, donde el responsable de juzgarlos sería Adrián González Charvay. En febrero, la Inspección General de Justicia, a cargo entonces de Daniel Roque Vítolo, determinó que ese nuevo domicilio era inexistente.
La AFA intenta revertir ese rechazo con un recurso que está radicado en la Sala D de la Cámara Civil. Mahiques pretende llevar a ese tribunal a Raúl Rubiero, fiscal de la Ciudad desde octubre de 2025 y estrechísimo colaborador suyo. Rubiero cuenta con un antecedente invalorable para estudiar la conducta de Tapia y Toviggino. Es integrante del Tribunal de Apelaciones de la AFA. Es decir, conoce bien a los dirigentes investigados. Para incorporarlo a la terna hace falta que renuncie un candidato. Es Alejandro Laje, quien será ternado para la Cámara Federal Civil y Comercial.
El gigantesco ta-te-ti a través del cual se diseña un nuevo Poder Judicial escapó de las manos del “Mago” Caputo. Enemistado con Mahiques y Viola, él supone que la jugada está organizada en combinación con Horacio Rosatti, el presidente de la Corte. Es obvio: en esa calidad, Rosatti preside también el Consejo de la Magistratura.
Impulsivo, iracundo, Caputo se lanzó contra Rosatti, como antes lo había hecho contra Alconada Mon. Como el magistrado dictó una conferencia señalando que la emisión espuria de moneda es inconstitucional, el “Mago” tuiteó lamentando que no lo hubiera recordado antes. Es decir, cuando el gobierno de Alberto Fernández imprimía billetes hasta niveles de delirio. Caputo fue más allá: atribuyó el discurso de Rosatti, favorable al pensamiento de Milei, al interés por congraciarse, ahora que quedó aislado del dúo Carlos Rosenkrantz-Ricardo Lorenzetti.
A diferencia de Alconada, Rosatti no tiene una Oficina de Respuesta Oficial. Si la tuviera, habría podido exhumar los tuits de 2022 o 2023 en los que ya condenaba la emisión desenfrenada.
Lo más interesante del mensaje de Caputo no es esa laguna informativa, tan habitual en él. Llama más la atención que suponga que algunas figuras públicas se pronuncian con la intención de congraciarse con Milei. Asombra porque, si se repasa la cuenta de X de Caputo, se advierte un nivel de adulación al Presidente que, de tan exagerado, parece hasta burlón. Tal vez es lo que Milei reclama para seguir teniéndolo a su lado. Esa subordinación rememora aquella sagaz advertencia de Julián Marías: “El grado de autoritarismo de un régimen se mide por el nivel de obsecuencia de demanda”. Un rasgo más del populismo.
Fuente: Carlos Pagni para La Nación
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