
Por Ricardo Raúl Benedetti
El sistema de salud argentino no colapsa. Tampoco funciona bien. Sobrevive. Y lo hace, en gran medida, sobre una paradoja incómoda: su recurso más indispensable es, al mismo tiempo, uno de los más precarizados.
Para entender esa contradicción que ya no puede leerse como coyuntural, dialogué con María Clara Peñalva, licenciada en enfermería, con 23 años de experiencia asistencial, 17 en docencia universitaria y participación en gestión política y legislativa. Su diagnóstico se cruza con datos del Observatorio Federal de Talento Humano en Salud, escalas paritarias del CCT 122/75 actualizadas a 2026, cifras del INDEC, estudios de SciELO-CONICET y el informe State of the World’s Nursing 2025 de la OMS.
Lo que emerge no es una crisis más. Es un sistema que hace equilibrio sobre una base cada vez más desgastada.
“El sistema está saturado y desarticulado”
—¿En qué estado está hoy el sistema de salud argentino?
—Saturado, tanto en la oferta como en la demanda. No es algo nuevo, pero cada crisis lo profundiza. Hay desorganización a nivel ministerial, políticas desactualizadas y una falta clara de coordinación. Salud y Educación, por ejemplo, trabajan sin articular la formación de profesionales. Eso no es una percepción: los informes del Observatorio Federal lo vienen marcando hace años.
La falta de planificación entre quienes forman y quienes emplean no es un problema técnico menor: es una de las raíces de la distorsión permanente del sistema.
Salarios bajos, pluriempleo y una cuenta que no cierra
—¿Cómo impacta eso en el bolsillo y en la vida cotidiana?
—De manera directa. Los salarios son bajos en todos los sectores. No alcanzan para cubrir la canasta básica, así que el pluriempleo deja de ser una opción y pasa a ser una necesidad.
Los números lo confirman. Según el INDEC, la Canasta Básica Total para una familia tipo alcanzó en marzo de 2026 los $1.434.464. Las escalas del convenio 122/75, incluso con sumas no remunerativas, quedan por debajo de ese umbral.
—¿Y en términos de cantidad de profesionales?
—Argentina tiene alrededor de 5 enfermeras por cada 1.000 habitantes. Está por encima del promedio regional, pero lejos de los estándares de países desarrollados, que rondan las 9. Y además hay fuertes desigualdades internas.
El problema no es solo salarial. Es el modelo: más horas para compensar ingresos, más desgaste, menos margen para sostener calidad.
Trabajar al límite: ratios desbordados… y precarización institucionalizada
—¿Cómo son las condiciones concretas de trabajo?
—Los ratios enfermero-paciente están ampliamente superados. Faltan recursos humanos y materiales. Hay lugares sin vestuarios adecuados, sin espacios de descanso, sin tiempo siquiera para necesidades básicas. A eso se suma un clima laboral complejo: maltrato, desautorización y poco reconocimiento.
Pero hay una capa más profunda del problema:
—En la provincia de Buenos Aires hay enfermeras trabajando bajo sistemas de becas, sin aportes jubilatorios ni estabilidad. En muchos municipios, directamente como monotributistas. Y en atención domiciliaria, empresas tercerizadas que intermedian y se quedan con una parte de lo que las obras sociales pagan por el servicio. Son distintos formatos de una misma lógica: precarización sostenida.
No es un detalle menor: la enfermería representa cerca del 70 % del personal calificado en salud, según estudios de SciELO y CONICET. Sin embargo, sigue siendo tratada, muchas veces, como un rol auxiliar.
—¿Y los gremios?
—Existen, pero la acción específica es limitada. Falta más foco en las particularidades del sector y más reconocimiento por parte del Estado.
El informe de la OMS 2025 advierte sobre un círculo que se retroalimenta: sobrecarga, pluriempleo y precariedad terminan afectando la permanencia de profesionales y la calidad del cuidado.
Formación: entre la urgencia y el techo profesional
—¿Qué pasa con la formación?
—La tecnicatura de tres años se expandió por necesidad. La licenciatura también creció, pero hay un problema serio de reconocimiento. En lugares como CABA, muchos licenciados siguen siendo categorizados como administrativos.
—Pero hubo avances legislativos.
—Sí, la Ley 27.712 apunta a fortalecer la formación y el desarrollo profesional. Y hay avances hacia la equiparación en la carrera. Pero también hay resistencias, especialmente de sectores médicos, a que la enfermería ocupe más espacios de decisión.
La discusión no es solo académica. Es de poder.
El costo invisible: burnout y deterioro del cuidado
—¿Cómo impacta todo esto en la salud de quienes cuidan?
—El desgaste es muy alto. Hay burnout, ausentismo y lesiones que en muchos casos son irreversibles. Eso agrava la escasez de personal y empuja a una atención más automatizada.
Los estudios son contundentes: en áreas críticas como terapia intensiva, más del 80 % del personal de enfermería presenta signos de agotamiento severo. A nivel global, la OMS señala que menos de la mitad de los países tiene políticas específicas para cuidar la salud mental de estos trabajadores.
El sistema exige resiliencia, pero no la sostiene.
El punto ciego del sistema
Después de cruzar el testimonio con los datos, la conclusión es incómoda: la enfermería no es un engranaje más. Es el eje operativo del sistema de salud argentino.
Y, sin embargo, funciona bajo condiciones que en cualquier otro sector crítico serían consideradas inviables: salarios por debajo de la subsistencia, sobrecarga estructural, reconocimiento limitado y un desgaste físico y mental que impacta directamente en la calidad del cuidado.
Pero además hay algo más difícil de justificar:
el propio sistema —público y privado— ha incorporado la precarización como parte de su funcionamiento.
Becas sin aportes, contratos como monotributo, tercerización en atención domiciliaria: no son excepciones. Son mecanismos.
Qué está en juego
Corregir este cuadro no pasa por una medida puntual ni por una paritaria más. Requiere decisiones que el sistema viene postergando:
- políticas integradas entre formación y demanda real,
- estándares claros de dotación y condiciones laborales,
- remuneraciones que no empujen al pluriempleo,
- y un marco laboral que termine con la normalización de la precariedad incluso dentro del propio Estado.
También implica revisar inercias, jerarquías y resistencias que bloquean cambios de fondo.
Porque mientras eso no ocurra, la ecuación se mantiene:
el sistema sigue funcionando…
y lo hace a costa de quienes lo sostienen.
Ricardo Raúl Benedetti
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