Los límites del proyecto de Milei. EL REFLECTOR DE LOS MARTES – por Alejandro Sala

Los límites del proyecto de Milei –

La situación general de Argentina será seguramente mejor en diciembre de 2027, cuando Javier Milei finalice su mandato, que la de diciembre de 2023, cuando Milei asumió. Aun con sus excentricidades, desmesuras y descontroles, el actual gobierno está logrando consolidar algunos avances básicos dentro de la compleja circunstancia de la que debió hacerse cargo. Pero no conviene sobreestimar el alcance de esta muy moderada mejoría. El cuadro general que nuestro país presenta está muy lejos de ser el que las exageradas consideraciones de los representantes del gobierno describen. Apenas hemos avanzado algunos pasos dentro de un largo camino y no hay certezas de que sigamos progresando. No hay margen para festejos. Solo estamos un poco más aliviados.

La gestión del actual gobierno tiene alcances limitados porque la concepción política de Milei y de quienes lo acompañan es muy estrecha; se agota en conseguir el equilibrio macroeconómico a cualquier costo. Suponen que, cumplido ese objetivo -que es la parte positiva de la actual presidencia- el resto llegará espontáneamente, por añadidura. Sucede que no es así. El equilibrio macroeconómico es necesario pero insuficiente. Si bien sin satisfacer ese requisito es imposible resolver cualquier otro problema, una vez superado ese obstáculo es necesario poner en ejecución las soluciones específicas para las muchas otras cuestiones que requieren un tratamiento particular. Pero Milei y sus funcionarios no comprenden este aspecto del asunto porque, como ellos mismos dirían “no la ven”.

Los problemas que Argentina debe resolver para encauzar la marcha del país van mucho más allá de la economía. Es cierto que, si la economía no prospera, cuestiones como la educación, la administración de justicia, la inseguridad, la prestación de servicios de salud y múltiples asuntos más no podrán ser abordados porque cada uno de ellos requiere recursos que solo un sistema productivo sólido puede proporcionar. Pero, aun así, existe la posibilidad de que los defectos de la estructura económica se corrijan pero no se resuelva el resto de los déficits porque no se apliquen las soluciones correctas para cada uno de los demás ámbitos a los que hay que rectificar.

Este es el tipo de cuestiones para las cuales Milei carece de cualquier concepción elaborada. No sabe, no le interesa, no cree que sea relevante definir qué hacer con la educación, con la justicia, con la seguridad, con la medicina y muchos otros temas más. El programa del actual equipo de gobierno se limita a evitar que la inflación se desmadre. Ni siquiera la fijación de algún tipo de regla que defina el contexto para la gestión productiva, más allá de las grandes inversiones en minería y energía, forman parte del campo de preocupaciones de los miembros del gobierno libertario.

Milei no se ocupa de elaborar soluciones para nada que no sea la macroeconomía porque supone que, una vez restablecido el equilibrio básico, la dinámica del mercado hará el resto. Esa idea no es totalmente equivocada pero, llevada al extremo absoluto, termina por convertirse en un error. Para que el mercado funcione apropiadamente, es necesario que se cumplan las condiciones institucionales que encuadran el desempeño de los operadores en cada campo. Hay un amplio margen para discutir cuáles son las reglas que deben regir la dinámica del mercado. En líneas generales, la idea de que el estado no intervenga directamente y que solo se ocupe de evitar el abuso, el fraude o la manipulación, está bien encaminada. Pero aun esa función preventiva requiere un diseño normativo apropiadamente concebido y también es necesario contemplar las eventuales excepciones a la regla principal. Sin embargo, el actual gobierno se desentiende de abordar ese tipo de problemas porque sus miembros desconocen cuál es la función que les compete cumplir y solo se concentran en asegurar la estabilidad macroeconómica.

Nos encontramos entonces con que nos estamos acercando al fin del mandato de un gobierno que aspira a obtener la reelección después de haber cumplido a grandes rasgos con el propósito principal por el cual fue electo pero que no puede superar esos estrechos límites y, por ende, no está en condiciones de avanzar más allá de sus propios logros. Nuestro país estará a fines de 2027 mejor que en diciembre de 2023. Pero, si siguiera gobernando Milei ¿estaremos al final de 2031 mejor que al término de 2027 o, en el mejor de los casos, nos quedaremos estancados?

Este es el dilema ante el que nos encontraremos cuando llegue el tiempo de las definiciones electorales. Es por eso que, antes de que el problema se torne perentorio, conviene meditar muy profundamente sobre las alternativas entre las cuales deberemos optar. Sería trágico volver atrás y desandar lo adelantado durante el período 2023/27. Pero también sería decepcionante no seguir avanzando. Esos son los riesgos a los que estamos expuestos pero también las oportunidades que se nos podrían presentar. Estamos a tiempo de encontrar alguna solución satisfactoria. Confiemos en que aparezca.

Alejandro Sala

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