
Solo un milagro podría hacer que la situación económica del año que viene, cuando lleguen las elecciones, sea sustancialmente diferente de la actual. Difícilmente se produzca de aquí a las elecciones una crisis pero también es muy improbable que la situación general mejore significativamente. La inflación seguramente seguirá bajando y es razonable imaginar que se llegue a votar con varios meses de inflación empezando con 0. Pero el poder adquisitivo del salario y el nivel de actividad seguirán “planchados”. Los índices de pobreza se amesetarán en los niveles que se han tornado habituales y las visiones hacia el futuro continuarán siendo muy escépticas.
El sentimiento que un escenario tan opaco provocará en la mayoría de la población será, presumiblemente, de insatisfacción, de frustración, de hartazgo. Nadie dejará de valorar el hecho de que la inflación esté desapareciendo pero cabe suponer que habrá un muy extendido consenso en que, con ese avance, si no se genera una mejoría apreciable -o, al menos, la perspectiva de que eso pueda llegar a ocurrir- no es suficiente, que se necesita insuflarle energía, impulso, vigor a la economía.
El hecho de que esa sea la percepción predominante -aun entre muchos de quienes votaron a Milei en 2023- torna extremadamente difícil la reelección del actual presidente. Por supuesto, si la economía registrara un notorio crecimiento desde ahora hasta las elecciones, este escenario cambiaría. Pero si no se aprecia una gran mejoría ahora, cuando no hay elecciones ¿qué motivo hay para suponer que el año próximo, justamente con las elecciones en el horizonte, ese salto vaya a producirse? No tiene lógica creer que 2027 será, en términos económicos, mejor que 2026. La proximidad de una elección provoca incertidumbre y eso ahuyenta a los inversores.
Este cuadro tiene, a su vez, el efecto de que limita las posibilidades de Milei de ser reelecto. Para ganar en 2027, Milei necesita que la economía luzca floreciente. Si eso no sucede, las perspectivas de electorales de Milei se tornan más difusas. Pero eso no significa que haya una mayoría que desee un retorno del peronismo. Por el contrario, el peronismo, al menos en su versión kirchnerista pura, ha dejado un mal recuerdo y por ahora es demasiado minoritario como para aspirar a ganar. Esto significa que entre los votantes incondicionales de Milei y los de cualquier versión asociada al kirchnerismo, hay un muy amplio caudal de ciudadanos que no tienen una representación nítida pero que están en disponibilidad para apoyar a alguien que, sin volver a la situación anterior a 2023, exprese una superación de lo que Milei significa.
¿Quién podría representar a esa probablemente mayoritaria franja de votantes que rechaza tanto al mileísmo como al kirchnerismo? Por el momento, ese interrogante no tiene respuesta nítida pero es “la pregunta del millón” de la política argentina actual. Los análisis políticos convencionales, aquellos que aparecen publicados en los medios masivos, dejan muy al margen este tema y se focalizan en los movimientos del gobierno y del peronismo. Pero eso sucede porque, como se trata de un fenómeno que no está a la vista, no llama la atención del grueso del público y no vende, no factura.
Pero así es como después aparecen las sorpresas. Aquel a quien nadie tenía en cuenta, de pronto, aparece sorpresivamente y da por tierra con todos los análisis, los pronósticos, las encuestas y las especulaciones. Ha pasado repetidamente. Néstor Kirchner, en 2003, por ejemplo, estaba lejos de ser el favorito. Sin embargo, resultó electo presidente. Alberto Fernández era un mero comentarista de televisión cuando de pronto Cristina Kirchner lo ungió candidato y dejó nocaut a Macri. De la sorpresa que produjo Milei no hace falta hablar. Pues bien, algo similar es lo que cabe presumir que pueda suceder el año próximo. Por ahora el tema no está claro porque todavía falta bastante. Pero en el momento crítico es muy probable que algún “tapado” aparezca. Hay varios nombres posibles. Difícilmente sea un outsider absoluto. Lo más probable es que alguna figura de segundo orden del firmamento político emerja y pase al primer plano. Tiene que ser alguien a quien no se identifique con el peronismo ni con los libertarios pero en quien se pueda confiar que no provocará un rebrote de la inflación, es decir, no dará marcha atrás con la política de equilibrio fiscal.
La política no admite los espacios vacíos. Si hay un segmento muy amplio de la ciudadanía que no encuentra representación, es inexorable que surja alguien que ocupe ese lugar. Quién vaya a ser está por verse. Pero hay que estar atentos porque, cuando menos lo esperemos, ese liderazgo aparecerá. Solo debemos tener el “radar” conectado. En pocos meses, alguien comenzará a emitir señales. Estemos atentos para captarlas. Se vienen novedades. Que no nos tomen por sorpresa.
Alejandro Sala
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