
Las encuestas de julio y agosto de 2026 muestran una competencia abierta, no un destino cerrado. La Universidad de San Andrés registró 24% para La Libertad Avanza y 25% para el peronismo, con un 22% de indecisos y otro 5% que prefirió no responder. El Votómetro, que integra 121 mediciones, ubica a LLA en 34,4%, al peronismo en 27,4%, al PRO en 5,9% y a Provincias Unidas en 3,9%, con un 16,1% de indefinidos. Hay un espacio potencial. Todavía no existe electoralmente como tercera fuerza consolidada.
La verdadera pregunta no es si existe una tercera opción. Existe. Lo demuestran Hernán Lacunza, Potencia, sectores de la UCR, Provincias Unidas y otros actores que explícitamente intentan diferenciarse de Milei y del kirchnerismo. Lacunza, con el aval explícito de Mauricio Macri, avanza en una candidatura presidencial del PRO independiente y afirma ver “a Macri y a una parte importante del partido decididos a enfrentar a Milei en 2027”.
La pregunta interesante es otra: ¿puede ese espacio convertirse en una alternativa de poder antes de ser triturado por la polarización?
Porque el problema del tercer espacio argentino nunca fue solamente encontrar dirigentes. Fue conseguir que los dirigentes dejaran de ser dirigentes separados para convertirse en una opción electoral reconocible.
Hay piezas de un rompecabezas, pero todavía nadie sabe si pertenecen al mismo dibujo.
Está el liberalismo republicano de Lacunza, Ricardo López Murphy, María Eugenia Talerico y Paula Oliveto. Está el centro federal de Maximiliano Pullaro, Martín Llaryora y Provincias Unidas. Están las voces de economistas de prestigio como Carlos Melconian y Alfonso Prat-Gay, que desde afuera diagnostican los límites del modelo actual. Está Diana Mondino, que fue parte de la gestión y luego se distanció. Están los Passaglia, con el espacio Hechos, que desde San Nicolás construyen una alternativa territorial de gestión. Y está Martín Goerling, que desde el bloque PRO del Senado plantea un espacio federal del partido ampliado a otros sectores, sin los libertarios. Estas piezas pueden conversar. Todavía no son un mismo espacio.
Melconian es otra de las piezas reveladoras. Reconoce que Milei rompió algo que debía romperse, pero sostiene que eso no alcanza para construir lo que viene. En junio describió una economía en la que al 20% le va bien, el 30% permanece neutro y el 50% está hundido; y afirmó que Milei “pateó el hormiguero, pero no lo solucionó”. Mondino, que sí fue canciller de ese gobierno y salió por diferencias de fondo, ha formulado desde afuera críticas que apuntan al personalismo y a los riesgos de corrupción. Villarruel, desde la vicepresidencia, profundiza un distanciamiento público y deja abierta su propia proyección hacia 2027. Estas voces coinciden en que no se trata de convertir el presente en religión. Esa es una definición posible.
Lacunza plantea un liberalismo con mayor jerarquía institucional. Talerico denuncia el “manual de la casta”. Oliveto insiste en la investigación del enriquecimiento ilícito. Los radicales históricos, con Jesús Rodríguez, Luis Naidenoff, Ernesto Sanz y Mario Negri a la cabeza, reclaman que la UCR deje de ser actor secundario y acelere la construcción de una alternativa propia para 2027.
Hay electorado. Hay dirigentes. Hay diagnóstico. Falta la construcción.
¿Quién es el elector de esta opción?
No es un votante abstracto que “rechaza ambos extremos”. Es, probablemente, un universo heterogéneo: sectores de la clase media urbana que votaron a Macri y después a Milei; radicales que no quieren volver al kirchnerismo pero tampoco diluirse en LLA; empresarios pyme que necesitan equilibrio fiscal, crédito y mercado interno; profesionales que quieren reformas pero rechazan el personalismo; y quienes apoyaron a Milei para terminar con el kirchnerismo y hoy no quieren cuatro años más de confrontación permanente.
Y aquí aparece el enemigo real: el voto útil. Una tercera opción podría reunir 10, 12 o 15 puntos. Luego llegan Milei y Kicillof a la campaña y ambos repiten la misma lógica: “Si no me votás a mí, vuelve el otro”. Empieza la trituradora. El votante que detesta a uno termina eligiendo al que tiene más chances de derrotar al otro. Es el ballotage antes del ballotage. Esa es la trampa que ha liquidado a casi todas las terceras opciones en la Argentina reciente.
El dilema del PRO es parte de la misma ecuación. Mauricio Macri conserva capacidad de articulación y, según Lacunza, ya autorizó una candidatura presidencial propia del partido. Sectores de Provincias Unidas miran con interés sus movimientos. La pregunta ya no es solo si puede ser parte de la construcción: es si el PRO decidirá finalmente enfrentar a Milei o subordinarse. Patricia Bullrich, por su pertenencia a LLA, está fuera de esa discusión. En cambio, Martín Goerling, jefe del bloque en el Senado, empuja la reconstrucción de un PRO federal con identidad propia, capaz de competir sin los libertarios y de articular con otros sectores.
Los gobernadores son aliados potenciales y socios difíciles. Priorizan la reelección y negocian distrito por distrito. El desdoblamiento de las elecciones provinciales reduce el arrastre nacional y fortalece los oficialismos locales, pero también fragmenta el mapa. Provincias Unidas ofrece territorialidad federal; al mismo tiempo protege intereses provinciales que no siempre coinciden con un proyecto nacional alternativo.
Una tercera opción no significa moderación, tibieza ni equidistancia. Significa política que acepta que gobernar exige instituciones, equilibrio fiscal, seguridad jurídica, crecimiento, transparencia y límites al poder. No se trata de construir una avenida del medio. Se trata de construir una alternativa.
Los límites no se definen por exclusión ideológica abstracta. Se definen por programa: sin kirchnerismo, sin populismo, sin autoritarismo, sin destrucción institucional, sin déficit permanente, sin estatismo como dogma, sin aventuras económicas, sin personalismos. Eso deja afuera lo que debe quedar afuera y permite sumar a quienes se definen como republicanos, democráticos y reformistas aunque no se llamen liberales.
La polarización intenta presentarse como destino, pero no lo es.
Hay electorado. Hay dirigentes. Hay diagnóstico. Falta la construcción.
La Argentina no necesita una tercera vía para quedar en el medio. Requiere una alternativa capaz de construirse por sí misma, sin pedir permiso.
Porque solo así dejará de ser un espacio de transición y se convertirá en una opción de poder.
Ricardo Raúl Benedetti
Fuentes
Encuestas de julio-agosto de 2026: Universidad de San Andrés, Votómetro (121 mediciones), Proyección Consultores, Trends y Synopsis (Perfil, Clarín, Ámbito, La Voz, iProfesional).
Declaraciones y posicionamientos: Hernán Lacunza (LA Nación, A24), Carlos Melconian (Infobae, Radio Mitre, El Destape), María Eugenia Talerico (El Intransigente), Paula Oliveto (Rivadavia), documento de la UCR de agosto de 2026 (Clarín), posicionamientos de Provincias Unidas y sectores radicales.
Análisis de coaliciones, gobernadores y desdoblamiento: TN, Infobae, LA Nación, Ámbito, El Cronista, Perfil y elDiarioAR (julio-agosto de 2026).
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