El fantasma del peronismo – El reflector de los martes. Alejandro Sala

El fantasma del peronismo

La perspectiva de que el peronismo vuelva al gobierno le provoca escozor a mucha gente. Se trata, indudablemente, de un sentimiento comprensible. Las diferencias entre republicanos y peronistas no son meramente políticas o económicas. Son existenciales. El peronismo representa un modo de vida distanciado de las prácticas de convivencia propias de un orden basado en la tolerancia, el respeto por el otro, la disidencia civilizada, la búsqueda de soluciones acordadas, la mirada más allá del corto plazo y muchas otras características propias de un sistema de vida -el republicano- impulsado por las emociones pero mediatizado por la práctica de la racionalidad.

La experiencia de los gobiernos kirchneristas ha dejado muy sensibilizados a amplios sectores de la población, que, comprensiblemente, se sienten atemorizados ante la posibilidad de que esos tiempos, que tan malos recuerdos han dejado, retornen. Este amedrentamiento condiciona en muy alta medida las preferencias electorales de un elevado porcentaje de votantes adversarios del peronismo.

Este es el dilema que a muchos votantes se les plantea ante las elecciones presidenciales del año próximo. Javier Milei, apelando a métodos de gestión que en muchos sentidos están contaminados por la influencia del peronismo, está logrando neutralizar la capacidad del peronismo para bloquear a los gobiernos no peronistas. Pero el precio de ese éxito es un descenso en el nivel de la vara con la que se mide la calidad de un gobierno. Milei logró trasponer los obstáculos que el peronismo le había interpuesto, por ejemplo, a la gestión de Mauricio Macri. Pero lo consiguió al costo de “peronizar” él mismo su propio gobierno. ¿Es un precio que vale la pena pagar?

Para el período 2023-27, actualmente en curso, probablemente haya tenido sentido tolerar las desviaciones en las que Milei y sus acólitos incurrieron. Pero ¿vale el mismo criterio para el ciclo 2027-31? Porque las circunstancias son diferentes. A fines de 2023 la situación era demasiado apremiante como para estar deteniéndonos en formalismos. Había que hacer concesiones porque estábamos al borde del abismo. El encumbramiento de Milei fue una salida providencial en un momento donde existía la posibilidad de que todo el orden social se desestabilizara, con consecuencias imprevisibles. Pero ahora, aunque hay muchos y complejos problemas, no estamos próximos a una crisis inmediata. Entonces ¿por qué seguir haciendo las concesiones que nos vimos forzados a hacer en la instancia anterior?

Este es el punto donde el miedo al retorno del peronismo hace su aparición y ese es el extorsivo argumento de los comunicadores libertarios para forzar la adhesión a la candidatura de Milei a la reelección de todos aquellos que no simpatizan con sus métodos contaminados de peronismo. El razonamiento, dado por sobreentendido más bien que expresado de manera abierta, es que, si hubiera una alternativa no peronista que no sea Milei, se dividiría el voto y eso podría dar lugar a que el peronismo gane en primera vuelta, en el caso de que llegara al 40 % y ninguna de las alternativas no peronistas no alcanzara el 30 % porque la división del voto las debilitaría a ambas. El planteo es falso pero está presentado de modo tal que pueda convencer al votante temeroso de que el peronismo resurja.

La falsedad del análisis se deriva de dos premisas erróneas: 1) es extremadamente difícil que el peronismo alcance el 40 % de los votos en la primera vuelta, habida cuenta del crecimiento de la izquierda representada por Myriam Bregman, que indudablemente le restará apoyos; más aun, aunque ese factor no estuviera presente, igualmente para el peronismo, considerando el grado de deterioro de su imagen, sería muy difícil llegar a esos guarismos en primera vuelta (en el ballotage contra Milei sería una historia diferente); 2) si bien es cierto que en el arranque dos alternativas no peronistas dividirían los votos, será el propio desarrollo de la campaña lo que haga decantar la mayoría de los apoyos de ese segmento de votantes hacia la alternativa más atractiva, en detrimento de la otra; eso fue lo que sucedió en 2023, cuando Milei se demostró más competitivo y entonces todos los votos de Juntos por el Cambio se trasladaron a La Libertad Avanza; si se presenta solo Milei, es muy probable que un buen número de los votos que tuvo LLA en 2023 se “caigan por el camino” y eso, en lugar de fortalecer al sector, lo debilite; es erróneo suponer que todos los mismos votos que apoyaron a Milei en el ballotage de 2023 permanecerán inmóviles en su apoyo; por ende, es preferible abrir una instancia de competencia y que quien llegue al ballotage en representación del no peronismo sea aquel que haya demostrado en las urnas que cuenta con el apoyo mayoritario y, de ese modo, atraiga la adhesión de todos quienes podrían tener dudas si no hubiera competencia.

La tesis que aquí queremos presentar es que, para el sector no peronista, la competencia es un factor de fortalecimiento y no de debilitamiento. Los mileístas quieren “vender” la posición opuesta porque temen perder.

El temor a la vuelta del peronismo es un sentimiento comprensible y, más aun, es un acto de responsabilidad porque sería muy riesgoso subestimar la posibilidad de que suceda. Sabemos de sobra que el peronismo es una hidra de mil cabezas y que hay que cortarlas todas juntas para que no se reproduzcan, al menos hasta la próxima elección. Pero esa precaución no nos debe llevar a adoptar respuestas impulsivas, emocionales, irracionales. La forma de desactivar el “riesgo kuka” es usando la inteligencia, la estrategia, la mirada panorámica. Ese es el camino que más seguramente nos llevará a volver a propinarle al peronismo una derrota que lo deje aun más desanimado de lo que está ahora. Algún día nos sacaremos definitivamente de encima este “karma”. Por ahora, debemos seguir siendo cuidadosos, tenaces y astutos. Ese es el camino. Así llegaremos a buen puerto.

Alejandro Sala

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