Talerico: “En la Provincia, del peronismo pasamos a La Libertad Avanza casi sin ningún tipo de escalas”

María Eugenia Talerico

En un encuentro de Potencia en Pilar, donde reunió a 150 referentes bonaerenses, María Eugenia Talerico cuestionó que la política provincial cambie de camiseta sin cambiar de protagonistas: “del peronismo pasamos a La Libertad Avanza casi sin escalas”, y planteó una construcción territorial para disputar el poder desde abajo.

Hay algo que se percibe cuando una fuerza política está naciendo: todavía está definiendo su nombre, su forma y su destino, pero ya tiene una voz.

Eso fue lo que encontré ayer en Pilar.

Fui al encuentro de Potencia, el espacio que lidera María Eugenia Talerico, y me tocó entrevistarla. Más que un acto, lo que hubo fue una conversación sobre el lugar que puede ocupar una política que se niega a elegir entre dos caminos que parecen agotados: la vieja política que cambia de nombres sin cambiar de prácticas, y un oficialismo que llegó prometiendo terminar con la casta y que, según Talerico, terminó reproduciendo buena parte de aquello que había prometido combatir.

El reciclaje bonaerense

Su diagnóstico empieza en la provincia de Buenos Aires. Allí, dice, quienes manejan “la lapicera” pueden estar un día de un lado y al siguiente del otro, pero siguen siendo los mismos.

“Por ahí un día están de un lado, al otro día están del otro lado, pero son siempre los mismos que generan la misma alternativa”, sostuvo.

Y condensó la crítica en una frase:

“Del peronismo pasamos a La Libertad Avanza casi sin ningún tipo de escalas.”

Para Talerico, el problema no es que cambien los nombres. Es que detrás de esas renovaciones pueden permanecer intactos los negocios, los intereses y las estructuras de poder.

“Son siempre los mismos, manejados por siempre los mismos, generando negocios y cuidándolos, gerenciando cajas en la provincia de Buenos Aires”, afirmó.

Por eso “casta” aparece una y otra vez, pero con un sentido más amplio que el de quienes viven del Estado. Habla de una forma de hacer política en la que las instituciones quedan subordinadas al poder, y la política deja de ser una herramienta para transformar la vida de la gente y se convierte en un mecanismo para administrar privilegios.

“Con buena política, en la Argentina, la plata sobra.”

No lo planteó como consigna económica aislada. Lo vinculó con lo que el país fue perdiendo: una educación capaz de preparar a sus hijos para el futuro, un sector privado que genere trabajo y prosperidad, y una clase media que alguna vez representó una promesa de movilidad social.

“Con mala política, Argentina es un país cada vez más parecido a los latinoamericanos de la región, con una clase media destruida, con un alero de ascenso social destruido.”

Y remató:

“Yo creo que es la principal pelea.”

Milei: coincidencias y ruptura

La conversación llegó, inevitablemente, a Javier Milei. Allí Talerico hizo algo que no siempre abunda en política: separar.

Reconoció que el Presidente instaló discusiones postergadas durante años: el déficit, el tamaño del Estado, el fin del financiamiento permanente del gasto y la defensa de la libertad económica. Incluso lo definió como “un rebelde distinto”.

Pero esa coincidencia termina, para ella, cuando empieza la discusión institucional.

“Todas esas cosas que instaló muy bien un tipo distinto como Javier Milei -sin duda es un rebelde distinto- pero toda la otra parte es una mentira”, sostuvo.

En su relato, la candidatura de Ariel Lijo a la Corte Suprema fue una señal temprana.

“Ese juez me dijo hacia dónde iban”, explicó.

A partir de ahí construye su acusación más profunda: un gobierno que llegó prometiendo terminar con la casta no puede, al mismo tiempo, tolerar lo que ella considera incompatible con una reconstrucción institucional.

Porque para Talerico la corrupción no es un capítulo más de la decadencia argentina. Es el mecanismo que termina destruyendo lo demás: la educación, la movilidad social, la confianza, las instituciones, el futuro.

De ahí su insistencia en la ética institucional como política de Estado.

La disputa por la libertad

Y es ahí donde aparece su disputa con el universo libertario. Talerico no abandona la libertad: se la disputa. Quiere rescatarla de quienes, según su mirada, terminaron confundiendo libertad con ausencia de límites al poder.

La frase es el segundo golpe del texto:

“Llegó la hora de las ideas de la libertad. No son las de estos anarcocapitalistas. Llegó la hora de las ideas de nuestra Constitución Nacional.”

No propone volver al estatismo ni reivindicar el pasado. Propone recuperar una tradición liberal que, en su lectura, tiene a la Constitución como límite y a las instituciones como garantía.

“Necesitamos una Constitución Nacional para organizar un país que tenga controles, que tenga contrapesos, que los funcionarios se vayan a su casa, que rindan cuentas.”

Y agregó:

“El capitalismo en el mundo trajo progreso, pero no con una clase política como esta, corrupta, que para lo único que está es para hacer negocios.”

La diferencia, entonces, no es menor. No se trata solamente de cuánto Estado, sino de qué Estado. No se trata solo de libertad económica, sino de qué instituciones la garantizan. Y no se trata únicamente de quién gana una elección, sino de qué hace con el poder después de ganarla.

De abajo hacia arriba

Por eso el discurso termina en el territorio.

“Eso se hace construyendo política”, dijo.

Explicó que se involucró “de abajo para arriba”, con la intención de organizar las intendencias de la provincia de Buenos Aires. Potencia articula para eso con el Movimiento Social por la República, que aporta el instrumento jurídico partidario.

Mientras buena parte de la política argentina sigue obsesionada con las candidaturas nacionales, Talerico habla de intendencias, dirigentes y construcción.

Sabe que el camino no será sencillo: ya le advirtieron que la aprobación en la Justicia Electoral de La Plata podría ser complicada y que podrían aparecer “cientos de palos en la rueda”. Aun así, dejó clara su decisión de seguir adelante.

“Estamos llenos de oportunidades”, dijo.

El problema, a su juicio, es que “la clase política dirigente sigue organizándose de la misma manera”.

La palabra más rebelde

En Pilar no vi solamente a una dirigente criticando al Gobierno. Vi a una dirigente intentando ocupar un espacio que quedó abierto: para quienes quieren libertad, pero no anarquía; mercado, pero no impunidad; cambio, pero no demolición institucional; poder, pero con límites.

La apuesta de Talerico recién empieza y nadie puede saber todavía hasta dónde llegará. Quedó claro, en cambio, que no parece querer ser espectadora de la pelea entre distintas versiones de la vieja política.

Quiere construir una alternativa.

Y para eso eligió una palabra que hoy, paradójicamente, puede ser la más rebelde de todas:

República

Ricardo Raúl Benedetti

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