
Desde que asumió, el actual gobierno procura eliminar las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). El pretexto para esta iniciativa es que son muy caras. En las elecciones legislativas de 2025 no hubo PASO porque se resolvió, no eliminarlas, sino suspenderlas “por única vez”. Con vistas a las elecciones presidenciales del año próximo, la intención es eliminarlas, esta vez en forma definitiva.
El mecanismo de las PASO como método para determinar candidaturas tiene una eficacia muy discutible. Fueron inventadas por la mente maquiavélica de Néstor Kirchner después de su derrota en 2009 para tratar de dispersar a la oposición pero de ahí en adelante el apoyo o el rechazo a su continuidad fue variando según la cambiante conveniencia circunstancial de cada partido. El motivo real por el cual el gobierno quiere eliminar las PASO es para que no le sirvan a la oposición peronista para ordenar su interna y para que no le surjan competidores dentro del espacio no peronista. El argumento de que son muy caras es una simple pantalla para no admitir que están tratando de manipular el sistema electoral para acomodarlo a su conveniencia partidaria.
La cuestión de si se deben mantener o eliminar las PASO ameritaría una discusión bastante profunda pero este no es el momento apropiado para realizarla porque su eliminación no es electoralmente neutral, sino que le conviene al actual gobierno. Por ende, no sería honesto que el sistema electoral sea modificado en función de los intereses de una de las corrientes que participará en las elecciones. Es cierto que las PASO representan un gasto y esa es una de las variables que habría que considerar. ¿Vale o no la pena asignar recursos a financiar las PASO? Por ahora, dejaremos esa cuestión en suspenso. El punto que nos interesa analizar es por qué el gobierno quiere eliminar las PASO ahora, para las próximas elecciones presidenciales.
La estrategia electoral de La Libertad Avanza se basa, esencialmente, en un planteo extorsivo: si Milei no es reelecto, vendrá el kirchnerismo y producirá un desastre. Los estrategas de LLA especulan con que los votantes se asusten (de hecho, hay muchos que están atemorizados) y se resignen a votar por Milei para impedir el retorno de los K.
La eliminación de las PASO es concordante con esta estrategia porque dificulta la aparición de alternativas. Paradójicamente, fueron las PASO las que facilitaron la llegada de Milei a la presidencia en 2023. En agosto de ese año, ante las inconsistencias de Juntos por el Cambio, Milei se erigió en el contendiente de Sergio Massa, candidato del peronismo. Eso es precisamente lo que los cerebros electorales de LLA quieren evitar que suceda ahora: que aparezca una alternativa que desplace a Milei como adversario directo de un kirchnerismo desgarrado por las controversias internas. No quieren que el mismo mecanismo que los favoreció hace tres años se les vuelva en contra.
Desde el punto de vista de ellos, su planteo es razonable. Una PASO, donde solo se dirimen candidaturas, es indicativa de la orientación del voto pero el resultado no es irreversible. Entre la PASO y la elección general, suele haber reacomodamientos, en parte porque hay precandidatos que quedan en el camino y sus votos se desplazan y también porque votantes que no se presentaron en las primarias, conociendo esos resultados, encuentran motivación para ir a votar cuando se juega “por los puntos”. Los estrategas de LLA temen que en una PASO aparezcan candidatos que demuestren ser competitivos frente a Milei y que eso haga tambalear los planes reeleccionistas del oficialismo.
Pero precisamente por eso este no es el momento apropiado para eliminar las PASO. Quizá haya razones para derogarlas, quizá se las deba mantener. Es un debate pendiente. Lo que no corresponde es tratar el tema ahora, cuando la decisión de eliminarlas favorecería ostensiblemente a uno de los partidos que competirán en las elecciones. No se puede (no se debería, porque si se presenta la oportunidad tanto los libertarios como los peronistas lo harían) modificar las reglas electorales cuando es notorio a quien conviene el cambio que se quiere hacer. Si las PASO no sirven, suponiendo que así fuera, se las debe eliminar a partir de las elecciones legislativas de 2029, pero no antes.
Hasta ahora, el gobierno no ha conseguido los votos necesarios para sancionar en el Congreso la eliminación de las PASO. Lo sigue intentando denodadamente en conversaciones del Jefe de Gabinete, Diego Santilli, con gobernadores, a quienes les ofrece todo tipo de “zanahorias” a cambio del apoyo a la reforma política. Pero no hay por ahora noticias de que haya logrado avances concretos, más allá de que todos disimulan porque nadie quiere quedar preso de sus palabras. El problema es que el gobierno necesita los votos de aquellos a quienes quiere aniquilar políticamente. Y nadie es tan ingenuo como para no comprender lo que hay detrás de las palabras seductoras y las promesas ampulosas de los operadores libertarios. Nadie quiere firmar su propia extinción política. Por eso el pronóstico es desfavorable para los planes del gobierno. Aunque, en política, puede haber sorpresas. No parece probable pero nunca se sabe.
Alejandro Sala
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