
El índice había llegado a operar en mínimos a mitad de año, pero avanzó con fuerza en las últimas semanas. Los factores que lo impulsan.
Desde los mínimos de julio, el riesgo país de la Argentina sumó más de 500 unidades y cerró este jueves arriba de los 900 puntos. El resto de los países de América Latina también vio un deterioro en sus indicadores, pero de menor magnitud.
Incluso en Brasil, donde la reelección de Lula da Silva tomó por sorpresa al mercado, el alza fue mucho más discreta y el índice ronda los 200 puntos. En Paraguay, donde el presidente renunció en medio de una crisis bancaria, el riesgo país cerro el jueves a 146 unidades.
En Fundación Mediterránea calcularon que si el riesgo país argentino hubiera seguido desde julio la misma trayectoria que el de Ecuador, tendría que estar hoy en la zona de las 570 unidades. Sin embargo, está muy lejos de ese valor. El trabajo estimó que aproximadamente el 60% de la suba corresponde a factores locales.
La pregunta que surge ante este escenario es por qué el riesgo país de la Argentina reacciona tanto más que el de otros países a pesar de que el Gobierno mantiene el ancla fiscal y tiene buen comportamiento con los pagos de deuda.
Los desafíos locales impulsan al riesgo país
Los funcionarios del equipo económico dijeron en muchas oportunidades que los bonos argentinos -cuyo precio es inverso a la tasa, que es lo que mide el riesgo país- tienen un beta más alto que los de otros emergentes. Eso se debe al mal historial crediticio y a la incertidumbre política.
Ese mismo argumento dio Natalia Martin, analista de Research de PPI: “Los bonos Globales argentinos tienen un beta más alto que buena parte de la deuda emergente: son más sensibles a los cambios en el apetito por riesgo y, en momentos de incertidumbre, suelen amplificar las bajas”.

Para la economista, la fuerte suba del riesgo país difícilmente se pueda explicar solo por las cuestiones externas, como el aumento en la tasa internacional o la salida de inversores de activos regionales tras las elecciones en Brasil.
“El gran interrogante para el mercado sigue siendo la elección del próximo año y la continuidad política del programa económico. Los precios vienen reflejando mayores dudas sobre esa continuidad y, para recuperar la confianza, será clave que la estabilización se traduzca en mejoras concretas en el empleo, el poder adquisitivo y la actividad”, dijo Martin.
A su turno, Alan Versalli, estratega de Cocos, mencionó tres motivos para explicar la dinámica actual del riesgo país. “El primero es que la Argentina todavía no resolvió su principal debilidad: las reservas netas son bajas frente a los vencimientos en dólares de los próximos años, y todavía no pudo acceder a renovar su deuda en los mercados internacionales”, afirmó.
“El segundo es que parte del apoyo de los inversores se sustenta en el respaldo de Estados Unidos, así que la elección del martes tiene un impacto directo sobre la Argentina. El tercero es que el riesgo político local ya está en precios: el mercado empieza a descontar la elección de 2027 con más anticipación que en episodios anteriores, y una parte importante del spread corresponde a esa incertidumbre”, completó.

El asesor financiero José Ignacio Bano aportó otro punto para el análisis. En su visión, la deuda argentina no puede ser considerada completamente en el grupo de los emergentes porque la posición de los inversores internacionales es muy acotada.
“Si una buena parte de los bonos estuvieran en manos de fondos institucionales, son jugadores que hacen inversiones de largo plazo, con menos trading y que mantienen las carteras durante mucho tiempo. Entonces es menos endeble. En el caso de los bonos locales, la mayoría están en cartera de inversores argentinos; no hay muchos extranjeros. Entonces, tiene que ver mucho con el ánimo del inversor, sobre todo del minorista”, indicó el analista.
El ancla fiscal ya no alcanza
La disciplina fiscal del Gobierno ya está descontada por el mercado, que ahora busca otras señales para seguir confiando en los bonos argentinos.
“El riesgo país no tiene que ver con la situación macroeconómica, porque somos de los pocos países que tienen superávit fiscal, no hay un ratio alto de deuda y los pasivos son cada vez más en pesos y menos en dólares. Todo eso es positivo. Con lo cual, la Argentina tiene una mejor foto que el promedio de los emergentes, pero sí tenemos un historial crediticio nefasto”, dijo Bano.

En la misma línea, Versalli consideró que el ancla fiscal ya está incluida en las valuaciones actuales de los bonos. Por eso, el foco de los inversores seguirá puesto en la posición externa y la actividad.
“Lo más relevante es sostener el proceso de acumulación de reservasque el BCRA viene llevando adelante con compras en el mercado. La continuidad es la señal más concreta de capacidad de pago que puede dar el Gobierno. En segundo lugar, lograr que la economía recupere tracción y que mejoren los ingresos reales, porque eso es lo que reduce la incertidumbre electoral”, sostuvo.
Fuente: Melina Manfredi para tn.com.ar
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