
A vos, que estás harto de que te vendan espejitos de colores en medio de un incendio, te lo pregunto sin rodeos: ¿hasta cuándo vas a dejar que te empujen a elegir entre dos bandos que te desprecian si pensás distinto? El kirchnerismo y el mileísmo nos tienen atrapados en una trampa de polarización berreta, mientras la Argentina real -la que labura, emprende, paga impuestos y llega a fin de mes como puede- se desangra en silencio. La condena firme a Cristina Fernández de Kirchner por corrupción, dictada el 10 de junio de 2025, no fue el final de su era: fue el punto de partida para un nuevo relato victimista, un revival trucho que, en vez de disolver al peronismo, lo compactó. Y mientras tanto, Javier Milei se frota las manos: la mantiene viva en el ring como sparring perfecto para polarizar, mientras destruye al PRO desde adentro y compra dirigentes con la billetera libertaria. Nosotros, los que creemos en la república, en la ley, en el equilibrio y en el esfuerzo, estamos solos. Pero no derrotados. Porque las ideas, cuando duelen, también despiertan.
Cristina condenada, el peronismo reencarnado
A vos, que sentís la misma bronca que yo, te lo digo claro: la condena de Cristina Kirchner el 10 de junio de 2025, con seis años de prisión domiciliaria y proscripción perpetua, fue un golazo que los republicanos, como yo, aplaudimos, porque lo venimos persiguiendo hace años en nombre de la justicia. Pero el peronismo no lloró: brindó en silencio. Axel Kicillof y Sergio Massa, que temblaban ante la idea de enfrentarla en la Legislatura bonaerense de septiembre, ahora la usan como estandarte. Sin Cristina en la boleta, el relato de “la proscripta del pueblo” les permite blindarse, victimizarse y salir a juntar votos con su cara pero sin su sombra. Y vaya si lo aprovecharon. El acto del 18 de junio en Plaza de Mayo, orquestado desde su departamento en Constitución, fue un regreso con sabor a revancha. La Cámpora desplegó su maquinaria, los gobernadores alinearon sus columnas, y el kirchnerismo, que muchos dábamos por muerto, resucitó como fénix de cloaca: sucio, intacto y con hambre de poder.
Desde los tribunales hasta la liturgia caliente de la plaza, Cristina tejió su metamorfosis: de jefa imputada a mártir resucitada. Kicillof quiere fortalecer su liderazgo en Buenos Aires sin chocar con La Cámpora, mientras Massa se perfila como articulador de un peronismo no kirchnerista con la mira en 2027. Arman unidades básicas de “derechos humanos” con el PT de Brasil y Morena de México, denuncian “lawfare” ante la CIDH, y acusan a Milei de ser el verdugo del pueblo. Todo, mientras se preparan para las legislativas de septiembre con el mismo verso de siempre: “Estado presente”, como si no nos hubieran vaciado durante décadas. Esto, a vos que querés un país sin mentiras, te tiene que encender la alarma.
Milei: el traidor disfrazado de libertario
A vos, que le diste un voto a Milei pensando que era el cambio, te lo digo sin anestesia: nos estafó. No vino a romper con la casta, vino a reciclarla. El tipo que juraba dinamitar la política terminó alquilando militantes con olor a archivo. Patricia Bullrich como ministra de Seguridad, Diego Valenzuela en el partido violeta, Pilar Ramírez -ex La Cámpora, ex gerente de Aerolíneas Argentinas bajo Mariano Recalde- como jefa libertaria en la Legislatura porteña, Daniel Scioli como secretario de Turismo, y Guillermo Francos, ex massista, manejando el Ministerio del Interior. Esto no es un gobierno libertario: es un Frankenstein de kirchneristas camuflados, oportunistas reciclados y ex PROs con miedo a quedarse sin cargo.
Y mientras tanto, los jubilados pierden hasta el aliento, los hospitales cierran, las rutas se abandonan y la obra pública se detiene. Todo en nombre del “ajuste”, pero sin tocar privilegios. Milei no está gobernando: está haciendo el trabajo sucio para que el kirchnerismo vuelva en 2027. Fue el “plan B” del peronismo en 2023, un caballo de Troya que se convirtió en “plan A” cuando ganó las elecciones. El descontento que genera su ajuste salvaje es el caldo de cultivo perfecto para que el kirchnerismo regrese con su relato de “Estado presente”. Los republicanos, que queremos déficit cero pero no a costa de los más débiles, nos sentimos traicionados. En las redes, muchos lo gritan: Milei es un “caballo de Troya” que recicla kirchneristas como Ramírez, Scioli y Francos, mientras desarma el Estado para allanar el camino al peronismo. Si eso no te enoja, es porque ya te rendiste. Y si te rendiste, es porque te robaron hasta la esperanza.
La trampa del paternalismo: ni papá Estado ni papá Milei
A vos, que sentís el peso de este desastre, te hablo desde el corazón: nos creen idiotas, nos tratan como tales, y lo peor es que a veces lo lograron. Nos prometen salvadores cada cuatro años y nosotros, como chicos asustados, caemos otra vez. Cristina, la “madre protectora” que robaba con amor. Milei, el “padre severo” que ajusta con crueldad. Es hora de emanciparnos de esa cultura de dependencia, de dejar de esperar milagros. Porque mientras discutimos si preferimos el latigazo o la limosna, el país se cae a pedazos. El paternalismo es la droga más dulce del sistema: te acaricia mientras te esclaviza. Y ahí estamos, adictos a la mentira, presos de un consuelo que nos mata.
El PRO extraviado y nuestra orfandad republicana
A vos, que compartís mi frustración, te lo digo con un nudo en la garganta: el PRO y los partidos que gestaron Juntos por el Cambio -la UCR, la Coalición Cívica, todos los que se sumaron a ese sueño- fueron la esperanza republicana que ilusionó a quienes, seamos o no del PRO, creímos en un país moderno, transparente y justo. Pero hoy, ese sueño es una ruina con techo de chapa. Mauricio Macri, presidente del PRO desde marzo de 2024, intenta sostener una estructura que se desarma como papel mojado. En la reunión del Consejo Nacional del 13 de junio de 2025, ratificó la alianza con La Libertad Avanza en Buenos Aires, pero liberó al resto para pactar como puedan. El resultado: caos, internas, fuga de votos. La derrota en CABA en mayo, con un 15.9%, fue la señal de alarma que nadie quiere escuchar. Vidal reclama identidad, Ritondo pide más cercanía con el mileísmo. Y nosotros, los republicanos, los huérfanos, miramos sin saber dónde pararnos.
Soledad Martínez resiste desde Vicente López, con una gestión eficiente y un discurso firme que defiende la esencia del PRO, exigiendo que cualquier pacto incluya a la UCR. Pero sola no alcanza. Lo que alguna vez fue Juntos por el Cambio, está atrapado entre la irrelevancia y el servilismo. Y así, no se construye nada.
Los que se animan: el nuevo pacto en gestación
A vos, que buscás una luz en esta oscuridad, te invito a mirar con esperanza, porque hay figuras que se están jugando. En abril de 2025, estuve ahí, dando mi apoyo y participando en el lanzamiento de “Potencia”, el espacio de María Eugenia Talerico en la provincia de Buenos Aires, junto a Ricardo López Murphy y Francisco Paoltroni. Talerico es una mujer valiente, con un discurso claro: libertad, respeto por la Constitución y lucha contra la corrupción. No le tiembla la voz para denunciar el pacto de impunidad entre Milei y el kirchnerismo.
Ignacio Torres, gobernador de Chubut, organizó el foro Energía Chubut 2050 en junio y mostró que se puede gobernar sin arrodillarse ante el centralismo. Maximiliano Pullaro, en Santa Fe, con un 33.9% de imagen positiva en 2024, combina seguridad y desarrollo con un mensaje institucional. Carolina Losada, senadora por Santa Fe, se consolidó tras su destacada participación electoral en 2023, y desde el Senado brilla con un discurso fresco y un potencial enorme en el espacio republicano. Paoltroni, desde Formosa, arma un seleccionado nacional con foco en producción y trabajo. Y Soledad Martínez, firme en su distrito, resiste la tentación violeta con convicción.
Estas figuras, entre otras, no vienen con chequera: vienen con ideas. Pero necesitan el respaldo de los que tienen historia: Macri, Vidal, Carrió, Frigerio, López Murphy, y muchos más que conocemos de cerca, con nombres y convicciones. Están en una encrucijada: o se animan a construir algo nuevo, o se resignan a ver el naufragio desde el palco. No hay lugar para tibios ni especuladores.
La salida: romper el espejo, construir el pacto
A vos, que sentís que no hay salida, te lo aseguro: la hay. No está en el peronismo reciclado ni en el mileísmo impostor. Está en un nuevo pacto social, republicano, austero pero justo, donde el Estado no robe ni abandone, donde la política no sea mafia ni show. No necesitamos más mesías: necesitamos ciudadanos. Construiremos ese espacio. Sin aplausos. Sin dueños. Con coraje. Yo me sumo a ese pacto, y confío en que muchos lo harán, porque este país no va a cambiar si no ponemos cada uno nuestra parte. Rompemos con el paternalismo, superamos las divisiones que nos inventan para repartir el poder, y edificamos una Argentina republicana, unida y con un futuro compartido. Es nuestro desafío, y lo vamos a cumplir.
Esto es Periodismo Sin Aplausos. Porque la verdad no pide permiso, sólo compromiso.
Ricardo Raúl Benedetti
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