
Dos movimientos que pasaron casi inadvertidos el mismo día en que toda la atención mediática estaba clavada en Manuel Adorni y su informe de gestión en Diputados.
Mientras las cámaras enfocaban ese escenario, en paralelo y sin ruido, se movían piezas mucho más sensibles en el Senado.
Como en el fútbol: el delantero que se lleva toda la marca, arrastra a la defensa, concentra las miradas… y libera el otro costado.
Ahí es donde se juega la verdadera jugada.
La que no se ve, la que define el resultado.
Por un lado, la Comisión de Selección del Consejo de la Magistratura aprobó por 7 a 2 las ternas para reemplazar a Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi en la Sala I de la Cámara Federal de Comodoro Py.
No es un cambio técnico. Es un cambio de poder.
Son los jueces que, entre 2018 y 2019, confirmaron los procesamientos de Cristina Fernández de Kirchner en causas como Cuadernos, Vialidad y Los Sauces.
Los mismos que sostuvieron decisiones clave contra Amado Boudou, Julio De Vido y Roberto Baratta.
Los mismos que el kirchnerismo intentó desplazar en 2020 bajo la figura de “traslados irregulares”.
No eran jueces neutros en el tablero político.
Eran un límite.
Ese es el lugar que ahora se reconfigura.
Los nombres que avanzan tampoco son neutros:
- Fernando Luis Poviña: camarista federal en Tucumán, con respaldo político del senador kirchnerista Pablo Yedlin; trayectoria en causas de derechos humanos, incluyendo el impulso del Pozo de Vargas y el procesamiento del ex jefe del Ejército César Milani.
- Agustina Inés Rodríguez: funcionaria de la Procuración General y de la UFEM, parte de una estructura históricamente alineada con el esquema institucional del kirchnerismo.
- Pablo Yadarola: juez penal económico, cercano al ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques; su nombre quedó expuesto en el episodio de Lago Escondido.
- Julio César Di Giorgio: perfil técnico con inserción en la lógica interna del fuero federal.
- Cecilia Incardona: fiscal federal de perfil técnico, con raíces peronistas que tuvo un rol decisivo en la causa de espionaje ilegal contra la AFI del gobierno de Mauricio Macri: impulsó investigaciones contra Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, promoviendo indagatorias en un expediente que impactó directamente en el núcleo del macrismo. Ese desempeño la volvió, en ese contexto, funcional a los intereses del kirchnerismo.
- El propio Bertuzzi, incluido en una de las ternas, en un esquema que deja abierta la posibilidad de continuidad parcial.
Las propuestas más alineadas con el kirchnerismo duro impulsadas por Vanesa Siley y Alberto Maques quedaron en minoría.
Pero el equilibrio real no se mide por etiquetas, sino por efectos.
No es un detalle menor quiénes son los que salen.
Eran, en los hechos, un dique en la instancia previa al juicio oral en las causas de corrupción más sensibles del kirchnerismo.
Por eso, el movimiento no pasó desapercibido dentro del propio mundo jurídico.
El abogado constitucionalista Guillermo Lipera, ex presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, lo sintetizó sin rodeos:
“Lograron lo que no pudo el kirchnerismo. Castigaron a Bruglia por sus fallos.”
No es una prueba.
Es una señal.
Una interpretación que, viniendo de un actor ajeno al kirchnerismo, agrega una capa más de incomodidad sobre el movimiento.
Los datos son estos, ahora la pregunta es ¿Qué están tapando?
En política, los acuerdos de este tipo no se escriben., se leen en los hechos. Pero lo que sí aparece es un patrón político que permite formular una hipótesis fuerte: la existencia de entendimientos funcionales entre sectores del oficialismo y del peronismo, incluido el kirchnerismo.
No es una denuncia. Es una inferencia basada en indicios: simultaneidad, perfiles que no generan rechazo cruzado y ausencia de conflicto en decisiones que, en otro contexto, hubieran sido explosivas.
Porque el dato no es solo lo que pasó.
Es que pasó… sin ruido.
En Comodoro Py, lo que está en juego es concreto.
La Cámara Federal interviene en expedientes que hoy preocupan al poder:
- la investigación por presunto enriquecimiento ilícito de Manuel Adorni, donde, según la causa, se analizan operaciones patrimoniales, movimientos de efectivo, préstamos y gastos bajo investigación;
- el expediente vinculado a la criptomoneda $LIBRA, con presentaciones judiciales que alcanzan a Javier Milei, Karina Milei y el propio Adorni;
- y la causa de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), donde Diego Spagnuolo fue procesado en primera instancia.
En este último caso, además, hubo un movimiento que reconfigura el tablero: el juez Ariel Lijo ordenó peritar los audios que dieron origen al expediente. No es un dato técnico. Es abrir la discusión sobre la validez de la prueba más sensible de la causa, aquella que conecta el caso con los niveles más altos del poder. En términos políticos, la decisión puede leerse como un gesto que habilita revisar, y eventualmente debilitar, el elemento central del expediente. La causa sigue en etapa de instrucción, y su destino dependerá en gran parte de lo que ocurra en instancias superiores.
No se trata de anticipar fallos, se trata de entender quién define el camino hacia esos fallos.
Del otro lado, Cancillería.
Ese mismo día, la comisión de Acuerdos del Senado, presidida por Juan Carlos Pagotto, con Maximiliano Abad como vicepresidente y Martín Goerling Lara como secretario, avanzó con 27 pliegos de ascensos diplomáticos.
Los nombres que ingresan permiten trazar una línea política concreta:
- Juan Manuel Navarro: diplomático de carrera con trayectoria en la embajada argentina en China durante la gestión de Sabino Vaca Narvaja bajo el gobierno de Alberto Fernández. Hoy es Subsecretario de Política Exterior y, según fuentes internas, cumple un rol operativo central como articulador del funcionamiento de Cancillería. Su perfil fue objetado en el Senado por su cercanía con el peronismo/kirchnerismo.
- Francisco Tropepi: diplomático de carrera consolidado durante los gobiernos kirchneristas y de Alberto Fernández; tuvo funciones en Israel y fue designado embajador ante la ONU. Su pliego también generó objeciones por vínculos con estructuras políticas previas.
- Manuel Balaguer Salas: designado embajador en Malasia por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en el tramo final de 2015; su trayectoria se consolidó en esa etapa y continuó bajo administraciones posteriores.
- Federico González Perini: especialista en comercio internacional y negociaciones multilaterales; ocupó cargos clave en MERCOSUR y respaldó en 2023 la candidatura presidencial de Sergio Massa, la otra pata del universo peronista.
No son nombres aislados.
Son trayectorias formadas, promovidas y sostenidas en una misma matriz de poder estatal.
El gremio Apsen habló de “presiones antiéticas”.
El oficialismo habló de “mérito”.
La estructura, sin embargo, muestra continuidad.
Y ahí es donde ambas escenas empiezan a encajar.
Porque si se miran juntas, la hipótesis se vuelve más incómoda: sectores del peronismo sostienen posiciones en áreas estratégicas (judiciales y diplomáticas) mientras el oficialismo asegura condiciones de previsibilidad en tribunales clave.
No hace falta un pacto firmado.
Alcanza con una coincidencia de intereses.
Mientras tanto, la superficie política ofrece otra escena: micrófonos, conferencias, nombres propios bajo presión.
Pero el poder rara vez se define ahí, se define donde no hay cámaras.
Y entre el 29 y el 30 de abril, sin ruptura, sin conflicto visible, las piezas se movieron.
La conclusión no es una sentencia.
Pero la advertencia es imposible de ignorar:
no importa lo que te dicen en conferencia.
Importa quién firma los ascensos.
Quién nombra a los jueces.
Y quién decide qué causas avanzan y cuáles se enfrían.
Lo demás es ruido.
El poder, el de verdad, siempre hace lo mismo:
no solo se protege…
se acomoda, se cubre y se reordena
para no soltar nunca el control.
Esto no termina acá, la jugada ya empezó.
Y como siempre, no se va a discutir en los micrófonos.
Se va a decidir en silencio.
Por eso conviene mirar de nuevo, con menos ingenuidad
y más memoria.
Porque las jugadas importantes no se explican:
se despliegan con el tiempo.
Y cuando el resultado aparezca,
no va a hacer falta que lo expliquen.
Se va a notar.
Ricardo Raúl Benedetti
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