EL REFLECTOR DE LOS MARTES: La personalidad de Milei es incompatible con el crecimiento económico sostenido – por Alejandro Sala

El reflector de los martes – diseño IA

El crecimiento económico está determinado, esencialmente, por las perspectivas de rentabilidad en términos de mediano y largo plazo. Esto es fácil de comprender. Si los inversores perciben que, a lo largo del tiempo, podrán obtener un flujo de ganancias previsiblemente sostenido, estarán dispuestos a comprometer sus capitales en emprendimientos productivos que generen trabajo, incremento del valor, consumo, ahorro y multipliquen el volumen general de la economía. Si esa apreciación es negativa, las inversiones se orientarán hacia otros rumbos.

 Sobre la base de este concepto general, resulta oportuno analizar, como caso particular, la conducta del gobierno de Javier Milei en relación a esta relevante cuestión. ¿Se enfoca Milei en generar las condiciones para que la economía crezca? Considerémoslo.

 Milei es un personaje explosivo, desmesurado, excéntrico. Esas condiciones quizá ayudaron a movilizar a la sociedad en 2023 cuando la opción era Sergio Massa. Milei transmitió la imagen de que él no se dejaría amedrentar por las usuales presiones que el peronismo aplica cuando queda desplazado del poder. Y es necesario admitir que, en ese sentido, viene cumpliendo. El peronismo nítidamente ha perdido “poder de fuego”, en buena medida porque percibe que tiene enfrente alguien que no retrocede, no se deja avasallar, que le presenta batalla si es necesario.

 Pero la capacidad de hacerle frente al peronismo no implica reunir las condiciones para motorizar el crecimiento económico sostenido. El desarrollo económico a gran escala necesita, por supuesto, que una fuerza como el peronismo, cuyo programa consiste, principalmente, en obstaculizar la gestión empresarial, quede neutralizada. Pero si el método para desactivar al peronismo es la exacerbación de los antagonismos y el escalamiento de la conflictividad política, la consecuencia no será el crecimiento sino la paralización de la economía.

 Ningún empresario responsable percibe perspectivas de rentabilidad a largo plazo en una sociedad atravesada por la agitación y la confrontación constantes. Aun cuando alguna de las facciones sea, al menos nominalmente, promercado, los inversores, ante un panorama tan encrespado, preferirán retraerse. Para impulsar el crecimiento, por lo tanto, se necesita un gobierno que, en lugar de incrementar la conflictividad, como lo hace Milei, procure atenuarla. Pero el problema es que, por la naturaleza de su personalidad, Milei no concibe la idea de “bajarle los decibeles” a la dinámica de confrontación irreductible. Para Milei, el conflicto es el escenario donde se siente a sus anchas, es su elemento natural, su ecosistema constitutivo. No es ese, sin embargo, un contexto que favorezca el crecimiento económico.

 Un componente clave del crecimiento económico es la generación de acuerdos, una idea que a Milei le repugna porque prefiere la disputa, el choque, el ataque, nunca el diálogo, la negociación o el acuerdo. Pero los acuerdos son la esencia de la economía capitalista que Milei declama defender. Cuando dos agentes económicos convienen una transacción, no están confrontando sino que se están poniendo de acuerdo. El vendedor entrega un bien o presta un servicio y el comprador aprueba la operación y traspasa el monto de dinero acordado como precio por aquello que está adquiriendo. Ambos lo hacen de manera voluntaria, cooperativa, flexible. Entonces, como vemos, la personalidad de Milei es antagónica con la esencia filosófica del propio sistema económico que él dice defender.

No hay perspectivas de rentabilidad a mediano y largo plazo con Milei en el gobierno (excepto para unos pocos sectores privilegiados) porque el gobierno (con el presidente a la cabeza) no facilita ni contribuye a crear el clima social requerido para que los inversores perciban oportunidades de involucrarse en negocios productivos. Es por eso que, si bien fue una alternativa válida para derrotar al peronismo en 2023, la continuidad de Milei en el gobierno a partir de 2027 se terminaría por convertir en un lastre que impediría el despegue de la economía.

Podemos admitir que Milei ha hecho el trabajo que le correspondía pero también que nos aproximamos al momento en el cual la tarea estará definitivamente cumplida y será necesario promover, no un cambio de rumbo, pero sí correcciones dentro de la propia línea por la que Milei se ha venido moviendo. Si no introducimos esas rectificaciones, la economía argentina quedará estrangulada, aun a pesar de la tarea de saneamiento que el actual gobierno ha llevado a cabo. Hay que saber cambiar a tiempo. No para destruir lo anterior, sino para darle más solidez y más funcionalidad a la construcción ya iniciada. Confiemos en que el electorado sabrá apreciar esta necesidad.

Alejandro Sala

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